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Huellas: INDÍGENAS, LENGUAS Y EVANGELIZADORES

Familia indígena maya de Centroamérica

 

 

Gerney Ríos González

El lenguaje practicado en las nuevas tierras descubiertas por serendipia por los europeos antes de 1492 y años siguientes, tenía el ingrediente de las palabras aportadas por los árabes durante su permanencia en suelo ibérico que en la actualidad son de uso frecuente en transacciones comerciales, en la oferta y la demanda, en las conversaciones familiares, en conferencias y simposios.

Con la tecnología de punta en pleno desarrollo, los idiomas castellano e inglés marcan el derrotero del progreso. Pero no se debe pasar de largo que el territorio de América antes del Descubrimiento, en la Conquista, en la invasión humana europea que ocupó las tierras del norte, centro y sur del inmenso Continente, estaba poblado por habitantes endémicos, raizales, agrupados en las  comunidades indígenas del pasado que – casó Colombia, Bolivia, Perú, Ecuador, México, Guatemala,- aún subsisten en resguardos organizados por los Estados, conservando sus costumbres,  su visión cosmogónica del universo, la tierra y sus satélites, la adoración al sol y la luna, sus ritos religiosos y funerarios, sus «autoridades» al interior de sus conglomerados, la alimentación, la caza, la pesca y la agricultura artesanal similar a la que se ejecutó en el comienzo de la organización del campo y el respeto por la selva tropical.

El hecho central en la vida de los indígenas lo constituye el ramillete de los dialectos en los países con comunidades raizales, que aún subsisten, pese a la insistencia del idioma castellano de penetrar en sus saberes y comprensión del mundo que las rodea.

Hace años peregrinamos hacia el sur de Colombia y visitamos el Instituto Lingüístico de Verano en el Departamento del Meta, una construcción ciudad-rural, obra de norteamericanos interesados en conocer y traducir al inglés y castellano los dialectos indígenas, que varían de una a otra comunidad, según se ha establecido.

Los españoles que llegaron a las playas de América fueron sorprendidos, creyendo estar en Indias Orientales, pues hallaron indígenas desnudos, animales, armas, utensilios de caza y pesca, y costumbres no conocidas. A algunas pusieron nombres castellanos y grabaron en sus cerebros denominaciones indígenas para designar propiamente los objetos. En San Salvador, Isla Española, en Juana, hoy Cuba, en San Juan Bautista, actual Puerto Rico, los invasores primigenios escucharon las palabras de los primeros dialectos.

El trato de indígenas y españoles los familiarizado de tal manera que los primeros aprendieron «la fabla» española, el   vernáculo castellano de esos siglos. Las mujeres nativas fueron eslabón humano de primer orden en la interpretación de lo que hablaban los forasteros y las respuestas de esos pobladores ignorados por el mundo ya descubierto.

SABERES

América, la Nueva   España, fue escenario de aprendizaje de dialectos y en contraste, la enseñanza del castellano y la religión católica, una gigantesca hazaña de evangelización que llevaron a efecto sacerdotes, frailes, misioneros llegados a estos predios universales acompañando a Colón   en sus cuatro viajes por la mar-océano. La mujer nativa fue compañera sentimental de no pocos invasores: doña Marina, La Malinche, amante de Hernán Cortés, parido en Medellín-Extremadura; doña María, que acompañó al padre Las Casas en su misión evangelizadora de los originarios de Cumaná, para citar unas pocas. Existen centenares de anécdotas relativas al trato entre descubridores, conquistadores e indígenas.