La laguna de Tota se encuentra en el departamento de Boyacá. Es el lago más grande de Colombia, posee playas de arena blanca y el agua es limpia y traslúcida; es el hogar de varias especies de pájaros y truchas.
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El Lago de Tota, el espejo de agua natural más grande de Colombia y el segundo navegable a mayor altitud en Suramérica, enfrenta una profunda crisis socioambiental. Esta joya del ecosistema Alto Andino y de Páramo, vital por abastecer de agua a cerca de habitantes, está siendo lentamente asfixiada por la intensa presión económica y una gestión ambiental ineficaz.
Productividad
El principal agresor del Lago de Tota es su propia riqueza agrícola. Los suelos de su cuenca son excepcionalmente productivos, generando cerca del de la cebolla larga que consume el país, una cifra que ilustra la magnitud del conflicto.
El monocultivo de cebolla (Allium fistulosum) demanda un uso intensivo y descontrolado de agroquímicos y plaguicidas. Estos, junto con la disposición de gallinaza cruda (estiércol de ave), se filtran continuamente al ecosistema, provocando una severa contaminación y el consecuente deterioro ecológico.
A la carga agrícola se suman los desechos de la piscicultura (cultivo de trucha arcoíris) y los vertimientos de aguas residuales de los municipios ribereños (Tota, Cuítiva y Aquitania), exacerbando el proceso de eutrofización del lago.
Crisis Hídrica
La degradación del agua se complementa con una creciente amenaza sobre la cantidad del recurso:
En la última década, la sobre-extracción de agua para acueductos, la industria (como una acería), y otros usos ha crecido cerca del . Esta demanda excesiva provoca una disminución en los niveles del lago, haciéndolo vulnerable a la escasez, especialmente en épocas de sequía.
La Corporación Autónoma Regional de Boyacá (Corpoboyacá) es el blanco de críticas por parte de las comunidades locales. Los agricultores denuncian falta de participación en los planes de conservación y temen ser desplazados por las medidas de protección. Además, han surgido graves denuncias de privatización del agua y venta de tierras estratégicas, un factor que agrava la desconfianza pública en las autoridades.
El costo biológico es irreversible. El Lago de Tota ya ha presenciado la extinción de especies emblemáticas de su fauna, como el pez graso y el zambullidor andino, sirviendo como un trágico recordatorio de lo que está en juego.
La supervivencia de este invaluable ecosistema, que reposa a más de metros de altura, exige una urgente redefinición de su modelo productivo. La disyuntiva entre la prosperidad de la cebolla y la salud del agua pone al país ante un dilema de sostenibilidad que no puede esperar.