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EL FANTASMA

Irina Shayk

 

Dama grima escuchar a los comentaristas deportivos  luego de la contundente derrota de la Selección Colombia frente al onceno argentino.

Los «dioses» del periodismo criollo se daban latigazos de dolor con cada una de sus expresiones. La pelotera en que se convirtió, por ejemplo, la transmisión de Caracol Radio luego del partido, era un espectáculo que lindaba entre lo ridículo y lo inocuo.

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Diego Rueda, quien dijera que el mejor jugador de Colombia era James Rodríguez, ahora no sabía qué decir. Steven Arce gritaba desaforado para demostrar que era el que más aullaba con sus comentarios.

Lo mismo pasaba con Óscar Rentería y César Augusto Londoño. Ninguno entraba a terciar. El cartagenero Eugenio Baena pensaba que estaba en un ring de boxeo y daba bandazos a diestra y siniestra.

Las culpas iban de acá y allá. Y ese mismo y ridículo show pasaba en RCN y en cuanta emisora había en el país. Los dioses se habían equivocado. Los mismos que despacharon a José Pekerman y luego de llevar a Colombia a dos mundiales, despotricaron de él y lo hicieron renunciar. Eran los mismos que atacaron al entrenador portugués y eran los mismos que habían alabado a Rueda para que tomara el mediocre equipo.

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Algo pasa en el interior de la Selección Colombia y los dioses no lo quieren revelar, porque si algo tienen los periodistas deportivos, es una mafia de recelo y secretos bien guardados. Son los mismos que les guardan las espaldas a directivos como los del Cúcuta, los mismos que reciben los comentarios de los empresarios de los jugadores para hablar bien de un determinado muchacho.

Aún los periodistas no denuncian los hechos del camerino antes de los partidos contra Uruguay y Ecuador. Ahí perdió la selección. El juego de egos entre los jugadores fue más grande que el país. Los dioses protegieron en  un silencio cómplice los sucesos. Cuando alguna persona de manera independiente quiso preguntar James Rodríguez amenazó con demandas penales y puso a un tinterillo para que con un comunicada pusiera una sentencia de censura a la libertad de expresión.

Luego del partido en Barranquilla contra Perú y al ser criticado, el diosito James puteó a los colombianos y con su «madre que los parió» dejó ver su clase de personaje.

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Sacaban a relucir que Luis Díaz iba para Inglaterra y eso era bueno para el fútbol colombiano.  Es uno entre un montón de firmas que hay en esos equipos.

El fútbol colombiano está de catre. Lo mismo pasa en los equipos nacionales. Cuando deben enfrentar contiendas internacionales no llegan preparados, los oncenos extranjeros los bailan y les enseñan cómo sudar una camiseta. Pasto, Santa Fe y otros equipos debieron renovar sus planteles porque los jugadores no dieron más. Muchachos de 20 años ya están cansados. Sólo aspiran que sus empresarios los vendan un año al exterior, viajar a hacer el ridículo y regresar a un equipo de media tabla.

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Por encima de todo este espectáculo, Win Sport cobra 30 mil pesos mensuales por seguir esos encuentros de mediocridad.

Los señores de Win deben buscar otros deportes, apoyar a nuevas figuras en otras disciplinas y los oyentes ya saben que no vale la pena escuchar esas peroratas de los dioses que hoy alaban y mañana el veneno de sus lenguas los aturde entre el ruido de su desorden mental.

Adiós programitas radiales. Los oyentes se trasladarán a otras dimensiones.