Nada permanece oculto bajo el cielo, dice el conocido y viejo refrán. Para tomar asiento al espectáculo que vendrá en esta semana sobre la Selección Colombia y todos sus intríngulis.
Luego de la catastrófica presentación, con una muy posible eliminación y adiós para el Mundial de Qatar, se ha conocido a cuenta gotas la verdad sobre los hechos que han ocasionado la derrota.
El dinámico y connotado periodista Esteban Jaramillo puso el dedo en la llaga y comenzó a destapar la podredumbre de la Selección. Peleas en los camerinos, con trompadas, echadas en cara y egos entre los deportistas, pero no se conocían las informaciones del director técnico.
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Lo primero que dijo fue que su asistente, luego de contraer la Covid, se deprimió hasta llegar al suicidio, abandonado por los directivos del fútbol colombiano.
Es más, el dirigente portugués negó que hubiera presentado la renuncia y de ahí su demanda de indemnización.
Los detalles de la novela de la Selección comienzan a conocerse, a pesar del silencio cómplice del periodismo deportivo colombiano. El «tapen», «tapen», vendrá como un tsunami en las redacciones que ocultaron los caprichos de una figurita, que incluso amenazó con un encopetado abogado a quien le hiciera ver sus equivocaciones.
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Existe desesperación en las llamadas bodegas por la cantidad de mentiras que han sacado y que el público ha descubierto poco a poco.
Triste final para muchos llamados manejadores de las comunidades a través de las redes sociales.
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Las «fake news» también se han tomado las redes para hablar sobre el tema de Ucrania. Irresponsables suben video, fotos y textos de otras contiendas y tratan de causar dolores en las distintas comunidades.
Por fortuna, el periodismo avanza también para mostrar la verdad, pero aún, no están preparados para tanta información. Lo recomendable sería que lograran la objetividad y la imparcialidad en este caso.
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