Su nombre era Maruja, pero casi todo el mundo le decía «Marujita». Esta manizalita, cercana a cumplir los 101 años, escribió, hasta hace poco tiempo, utilizando las letras y las palabras con maestría única, cuadrando con magistral brillo en poesía, por eso, el novelista y poeta Gonzalo Mallarino Flórez la calificó como la Mama Grande la poesía colombiana.
Maruja fue Miembro Honorario en Colombia de la Academia de la Lengua y Correspondiente de la Real Academia Española.
Poeta, periodista, relacionista pública, catedrática y ensayista, publicó 20 libros de poesía y uno de prosa, e innumerables artículos en los más importantes medios del país y de Venezuela, donde vivió varios años en la década de los 50 y fue presentadora de televisión, convirtiéndose en la primera mujer del país en llegar a la pantalla chica. En Colombia aún no había llegado ese sistema.
«Ella fue Testigo excepcional de la historia política y cultural colombiana, Maruja Vieira (bautizada así por el poeta Pablo Neruda, a quien conoció cuando se firmaba aún María Vieira White) fue una de las pocas mujeres contertulias de El Automático de Bogotá, perteneciente a la generación llamada de Los Cuadernícolas, defensora de los derechos de la mujer; una de las primeras en ocupar cargos ejecutivos en Colombia», comentó su hija, la también comunicadora Ana Mercedes Vivas.
Desde su regreso a Bogotá, hace más de 40 años, se desempeñó como ejecutiva, periodista, gestora cultural y docente, preocupada por la formación de las nuevas generaciones de la capital y muy especialmente por la motivación de todos los jóvenes poetas y especialmente de las mujeres que empiezan a dejar oír su voz.
«Su trayectoria literaria, iniciada con Campanario de Lluvia (1947), nos evoca su ciudad natal y su infancia»: «Era blanca mi casa, con ardientes geranios que cifraban la luz en las altas ventanas…». De esa ciudad natal la trasladaron siendo muy niña a Bogotá, donde vino a vivir, por casualidades del destino, a la casa de la señora Georgina Fletcher, nombre indeleble en la memoria de las luchas feministas en Colombia. Allí se formó Maruja en la idea de la participación de la mujer en las decisiones políticas de Colombia y desde sus más tiernos años abandera su lema de «mujer vota mujer». Estudió bachillerato comercial e inglés con el profesor y humanista Howard Rochester. A los 17 años entra a trabajar como secretaria del Departamento de Tierras de la Texas Petroleum Company», agregó Ana Mercedes.
DE SECRETARIA A JEFE RELACIONES PÚBLICAS
Regresó a Colombia y se radicó en Popayán «Ciudad remanso donde se aquieta la amargura… Allí fundó la Librería Guillermo Valencia y compartió la alegría de la amistad eterna del maestro Baldomero Sanín Cano y los momentos inolvidables con la educadora Ruth Cepeda Vargas y con Luz Valencia de Uruburu.
Luego se trasladó a Cali. Allí trabajó en la KLM. En 1959, contrajo matrimonio con el profesor, abogado, poeta y periodista caucano José María Vivas Balcázar, quien falleció de manera repentina el 15 de mayo de 1960.
Después fue designada directora de relaciones públicas del Servicio Nacional de Aprendizaje SENA, en reemplazo precisamente del cargo de José María Vivas Balcázar, quien era director de relaciones obrero-patronales de la entidad. Maruja trabajó 13 años en el SENA, contribuyendo a la creación del Servicio de Empleo de la institución.
Trabajó en Radio Sutatenza, impartió cursos de relaciones humanas en INCOLDA y fue corresponsal de la Revista Guión.
En 1977 se trasladó definitivamente a Bogotá, como editora cultural de Guión. Más tarde, como asesora de la dirección de Colcultura y jefe de Comunicaciones del Instituto en dos oportunidades, colaboró desde su cargo con Gloria Zea. Luego se dedicó por muchos años a la cátedra universitaria, en las universidades Central y de La Sabana.
