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Trump vs. Musk: LA GUERRA DE PODER, DINERO Y AMENAZAS

La pugna entre Donald Trump y Elon Musk es una guerra de titanes marcada por intereses financieros, lobby político y amenazas extremas, reflejando la polarización y el poder en la élite estadounidense.

Washington D.C.

Lo que alguna vez fue una relación de colaboración, o al menos de cordialidad, entre el expresidente Donald Trump y el magnate Elon Musk se ha transformado en una confrontación abierta y compleja. Esta disputa, cargada de acusaciones mutuas, vastos intereses económicos, un intenso lobby político y la sorprendente amenaza de deportación, está redefiniendo alianzas y desatando una tormenta en la élite estadounidense.

El corazón de esta pugna late al ritmo de los millonarios recursos que las empresas de Elon Musk manejan, especialmente SpaceX. Con decenas de miles de millones de dólares en contratos federales —solo en los últimos cinco años, sus compañías recibieron $13 mil millones—, SpaceX domina el calendario de lanzamientos de la NASA, otorgándole un poder considerable. En 2023, sus empresas ya tenían asegurados $3 mil millones en casi 100 contratos gubernamentales.

Sin embargo, Trump ha puesto estos lucrativos acuerdos en la mira. El expresidente ha amenazado con revisar y posiblemente recortar todos los contratos gubernamentales de las empresas de Musk, calificándolos como «mucho dinero». Esta advertencia surge después de que Musk criticara una nueva ley fiscal propuesta por Trump, calificándola de «abominación repugnante», y se alejara de su órbita política. Musk argumenta que la ley eliminaría beneficios que favorecían a sus compañías, como los subsidios para vehículos eléctricos fabricados en EE. UU., mientras Trump lo acusa de estar molesto por la eliminación de estas ventajas.

El conflicto ya ha repercutido en Wall Street, provocando una caída significativa en las acciones de Tesla, lo que se traduce en pérdidas multimillonarias para los inversores de Musk. Pese a las diferencias, cabe recordar que Musk ha sido un importante donante a campañas republicanas, aportando cientos de millones de dólares, lo que subraya su influencia política.

La relación entre Trump y Musk, que incluyó la participación del empresario en el «Departamento de Eficiencia Gubernamental» de la administración Trump, se ha desmoronado. Lo que antes era elogio mutuo, ahora es crítica pública. Trump acusa a Musk de «ingratitud» por sus ataques, mientras Musk ha intensificado su ofensiva, criticando las políticas de Trump y llegando a afirmar que, sin su ayuda, los demócratas habrían ganado las últimas elecciones. Incluso ha coqueteado con la idea de crear un nuevo partido político.

La disputa se ha tornado personal y tóxica, escalando con la acusación de Musk sobre la presunta aparición de Trump en los archivos no publicados del caso Jeffrey Epstein, una afirmación sin pruebas que ha sido desestimada por la Casa Blanca, pero que ha profundizado la animosidad.

La confrontación también ha arrastrado a figuras clave, como Steve Bannon, ex asesor de Trump, quien ha lanzado virulentos ataques contra Musk. Esta disputa ha generado una división en el Partido Republicano, obligando a figuras como el presidente de la Cámara de Representantes, Mike Johnson, a respaldar a Trump, aunque con un llamado a la reconciliación. Pese a la virulencia, algunos analistas no descartan una futura tregua, considerando la naturaleza «transaccional» de ambos magnates.

La Amenaza Inaudita

En un giro sin precedentes, la disputa ha alcanzado un nivel de hostilidad que incluye la amenaza de deportación de Elon Musk. Steve Bannon, aliado de Trump, ha instado públicamente al expresidente a firmar una orden ejecutiva para «deportar de inmediato» a Musk, calificándolo de «extranjero ilegal» y sugiriendo que debería «volver a Sudáfrica». Esta retórica, cargada de xenofobia, subraya la seriedad de la escalada.

Bannon ha justificado su postura argumentando que, pese a los logros de Musk, su crítica a Trump y su supuesta vinculación con Epstein lo convierten en una amenaza, incluso sugiriendo la confiscación de SpaceX. Otra posible medida que Trump podría considerar es revocar la autorización de seguridad de Musk, esencial para sus contratos con la NASA y el gobierno, lo que paralizaría gran parte de su trabajo.

Aunque Elon Musk posee nacionalidad sudafricana, canadiense y estadounidense, lo que complica legalmente una deportación, la mera mención de esta medida extrema revela la profundidad de la animosidad y la disposición a usar todas las herramientas posibles en esta guerra de titanes.

La confrontación entre Donald Trump y Elon Musk es más que una simple disputa personal; es un pulso de poder que entrelaza gigantescos intereses financieros, complejas estrategias de lobby y una escalada retórica sin precedentes. Las implicaciones de este choque entre dos de las figuras más influyentes del mundo moderno resonarán en el futuro empresarial y político de Estados Unidos.