Después de más de diez días de espera, la Confederación Africana de Fútbol (CAF) anunció finalmente sus sanciones relacionadas con el caos que marcó la final de la CAN 2025.
Rue20 Español/Rabat
Especial para Primicia Diario
En el ecosistema mediático actual, donde la inmediatez suele imponerse al rigor, resulta preocupante que cabeceras de referencia incurran en errores que no son menores.
Un reciente artículo publicado por Mundo Deportivo sobre la decisión de la Confederación Africana de Fútbol (CAF) de otorgar el título continental a Marruecos no solo evidencia una lectura apresurada de los hechos, sino también una preocupante falta de verificación normativa.
El medio español, en su intento por explicar la sanción a Senegal, cita un inexistente «artículo 148» del código disciplinario de la CAF. Un desliz que, lejos de ser anecdótico, revela una ligereza impropia de quien pretende sentar cátedra en periodismo deportivo internacional. Porque en cuestiones jurídicas —y más aún en el marco de una competición continental— no hay margen para la invención.
La realidad es mucho más simple y, al mismo tiempo, más contundente. El reglamento disciplinario de la CAF contempla de forma clara y precisa este tipo de situaciones en su artículo 114, relativo al abandono de partido.
Dicho artículo establece sin ambigüedad que cualquier equipo que se niegue a disputar o continuar un encuentro será declarado perdedor, además de enfrentarse a sanciones económicas y, en casos graves, a la exclusión de la competición.
Es exactamente lo que ocurrió. Senegal abandonó el terreno de juego en un momento crítico de la final, interrumpiendo el desarrollo normal del partido durante varios minutos.
Este comportamiento no solo vulnera el espíritu deportivo, sino que activa automáticamente las disposiciones disciplinarias previstas por la CAF. La decisión del Comité de Apelación no fue arbitraria, ni política, ni mucho menos «controvertida»: fue reglamentaria.
Marruecos, por su parte, actuó dentro del marco legal. La apelación presentada por la Federación Real Marroquí de Fútbol no hizo más que solicitar la aplicación estricta de las normas vigentes. Y la CAF, en su calidad de órgano rector, respondió con una resolución jurídicamente sólida que confirma el título para los Leones del Atlas.
Lo verdaderamente llamativo no es, por tanto, el fallo de la CAF, sino la narrativa que algunos medios han intentado construir en torno a él. Al citar un artículo inexistente, Mundo Deportivo no solo desinforma, sino que debilita su propia credibilidad. Porque el periodismo no consiste en rellenar huecos con suposiciones, sino en contrastar hechos con precisión.
Este episodio deja una lección clara: el fútbol africano merece el mismo respeto informativo que cualquier otra competición internacional. Y Marruecos, como campeón legítimo, no necesita interpretaciones creativas ni marcos distorsionados para validar su triunfo. La verdad está escrita, negro sobre blanco, en los reglamentos que algunos parecen no haber leído con la atención necesaria.
En definitiva, cuando el análisis se construye sobre errores básicos, deja de ser análisis para convertirse en ficción. Y en este caso, la ficción no resiste el peso de la ley.