Un avión Hércules de la Fuerza Aérea Colombiana, utilizado como aeronave de apoyo de las Fuerzas Militares, se accidentó en la mañana del lunes 23 de marzo de 2026 en el municipio de Puerto Leguízamo.
Jorge Enrique Giraldo Acevedo
«Colombia está de luto»; esta es la manifestación unánime de una nación que respeta a su Ejército, a la Fuerza Aeroespacial y a la Policía Nacional, ante el trágico siniestro del avión de transporte militar ocurrido a escasos tres kilómetros de Puerto Leguízamo, Putumayo. La pérdida de estos héroes representa un vacío irreparable para quienes dedican su vida al bienestar de los demás bajo el amparo de nuestras instituciones castrenses.
Este accidente se constituye en el más grave ocurrido en el último siglo para una aeronave militar en el país. Contrario a las afirmaciones precipitadas del presidente Gustavo Petro, quien calificó al aparato como «chatarra», es imperativo precisar que la aeronave, acondicionada para el transporte estratégico, fue una donación del Gobierno de los Estados Unidos a Colombia.
Los soldados y civiles que perecieron en esta tragedia eran los máximos exponentes de una vocación de servicio inquebrantable; por ello, pertenecían con orgullo al Ejército Nacional y a la FAC. Honor y gloria a estos héroes de la patria que entregaron su aliento final en cumplimiento del deber.
Lo éticamente responsable ante este fatal acontecimiento es aguardar el veredicto final de la investigación técnica. En este momento de dolor, los colombianos rodeamos a los seres queridos de los fallecidos con nuestra voz de pesar y condolencia, elevando una oración al Creador Supremo para que les conceda la resignación y fortaleza necesarias para afrontar esta dura prueba.
