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Crónica de Gardeazábal: NIÑOS NO, MASCOTAS SI

Gustavo Alvarez Gardeazábal

El Porce

Este país anda tan patas arriba que lo difícil ahora es encontrar en un parque a una mamá  o un papá paseando su niño en el coche. Ahora lo común es encontrar  hombres y mujeres, solos  o en pareja,  paseando sus perros.

Parecería como  si nos hubiésemos cansado de construir el futuro o, más bien, que quisiéramos atarlo a solo unos pocos sobrevivientes. Quizás no haya  el exceso de población y falta de comida que pronosticaba Malthus hace 50 años  haciéndonos temer por la gran hambruna universal.

Llegaron los adelantos en la manera de cultivar, se impusieron los trasgénicos por encima del capricho de los puritanos y el mundo se salvó de tener más bocas que alimentar sin comida para hacerlo.

El asunto de niños si, mascotas no, es de gran incidencia en Colombia por que no solo el número de almacenes para animales caseros ha crecido hasta límites insospechados , sino que en los cementerios ya se ofrece el servicio funerario completo para las mascotas.

Hemos llegado a tal punto  de repudiar las familias con hijos que, en menos de 100 años, pasamos de la proliferación exagerada de los hogares antioqueños, donde tener una docena de hijos era lo común, a la soledad de los conjuntos residenciales dentro de los cuales es muy escaso oír llorar en lejanía un niño o resulta imposible arrullarse ya con la algarabía de los  muchachos en la piscina del conjunto.

También por la falta de críos se han ido cerrando de manera precipitadas los colegios en Colombia en los últimos años. Ya no hay clientela para enseñarles y en breve, cuando acepten la formación por internet en vez del bachillerato, todo el engranaje educativo habrá cambiado.

Parecería entonces que Colombia le cogió pánico a los hijos y que quienes los tienen y los pasean en sus parques merecen un sonoro aplauso de todos quienes los vean distinguirse entre medio de tanto perro que se pasea con sus amos como si el  espacio ya solo fuera para ellos.