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Cuando tu título dice «profesional» pero tu mente grita «fraude»: EL SINDROME DEL IMPOSTOR

Impostor 

 

 

Nataly Moreno Arce

Psicóloga 

¿Alguna vez has sentido que eres un engaño total? Esa sensación de que, en cualquier momento, alguien entrará a tu oficina (o a tu cocina, mientras teletrabajas en pijama) para decirte: «¡Lo sabía! No tienes idea de lo que estás haciendo; devuelve el sueldo y el diploma».

Si la respuesta es sí, ¡bienvenid@ al club! No te preocupes, no tenemos carné de socios porque todos estamos convencidos de que nos lo darían por error. Hoy vamos a desenmascarar a ese invitado de piedra que nadie llamó a la fiesta, pero que siempre se come el mejor pastel: El Síndrome del Impostor.

Ese «pequeño» monstruo en tu cabeza

El síndrome del impostor actúa como un filtro de Instagram al revés. Es una distorsión cognitiva que nos susurra al oído que nuestros logros son obra de la suerte, del destino o de que los astros se alinearon. Nos convence de que, simplemente, el jefe estaba de buen humor el día que decidió ascendernos.

Ejemplos de la vida real (cualquier parecido con tu última crisis existencial es pura coincidencia):

El síndrome de la reunión silenciosa: Estás en un Zoom con una idea brillante, pero no activas el micrófono. Piensas: «Si lo digo y es una obviedad, confirmarán que soy el eslabón débil del equipo».

El terror al «Tenemos que hablar»: Tu jefe te escribe: «¿Tienes 5 minutos?». Una persona tranquila piensa: «Será para lo del lunes». Tú, poseíd@ por el impostor, ya estás actualizando tu hoja de vida porque juras que te van a despedir.

Este fenómeno no es falta de capacidad; es un exceso de autoexigencia mezclado con un toque de drama digno de telenovela.