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El fuego desde el cielo: El bombardeo que detonó la crisis
Primicia Diario
La tranquilidad del corregimiento de San Pablo, en Teorama, se fracturó tras una contundente operación aérea de las Fuerzas Militares. El objetivo: un campamento estratégico del Frente de Guerra Nororiental del ELN. El estruendo de los bombardeos no solo dejó un saldo incierto de insurgentes heridos de gravedad, sino que activó una represalia sin precedentes contra la población civil. Ante el cerco militar que impedía el traslado de sus combatientes, la guerrilla transformó la urgencia médica en un acto de guerra.
Galenos llevados a la selva
Bajo el asfixiante asedio de los fusiles, el equipo médico del puesto de salud local fue forzado a la clandestinidad. Un médico, una enfermera y un auxiliar fueron obligados a recolectar insumos de cirugía y medicamentos para internarse en la espesura del monte. Esta «extracción forzosa» de la Misión Médica representa una de las violaciones más flagrantes al Derecho Internacional Humanitario (DIH) en la historia reciente de la región, dejando a más de 3.000 civiles en un absoluto desamparo sanitario en medio de las hostilidades.
Crimen de guerra
La comunidad internacional y los organismos de derechos humanos han sido enfáticos: obligar al personal civil sanitario a prestar servicios bajo coacción es, técnicamente, un crimen de guerra. Mientras el Gobierno Nacional despliega unidades de la Fuerza de Despliegue Rápido (FUDRA) para intentar un rescate que no comprometa la vida de los retenidos, la Gobernación de Norte de Santander ha puesto sobre la mesa la posible suspensión de los diálogos regionales. En el Catatumbo, la neutralidad médica ha dejado de ser un escudo para convertirse en un objetivo, poniendo en jaque la credibilidad de la voluntad de paz de la insurgencia.
Los bombardeos son permanentes. Los civiles huyen de la guerra.
