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El Elíxir de la Eternidad Cognitiva: GUIA PARA UN CEREBRO SIEMPRE JOVEN

Para los especialistas en terapias «antiaging», el mejor tonificador cerebral son las zapatillas de deporte. El ejercicio mejora el ritmo cardíaco y la oxigenación, manteniendo sanas las conexiones neuronales esenciales para el pensamiento.

 

 

José Douglas Lasso Duque

Especial

«Nunca lamentes que te estás haciendo viejo, porque a muchos les ha sido negado este privilegio». Esta máxima nos invita a reformular nuestra visión de la madurez. Existe la creencia errónea de que el paso de los años conlleva inevitablemente el declive mental; sin embargo, expertos como Tony Buzan sostienen que la agilidad intelectual no tiene fecha de caducidad.

La historia es el mejor testigo: Miguel Ángel esculpió sus obras más sublimes entre los 60 y los 89 años; Goethe culminó su monumental «Fausto» a los 82, y José Saramago mantuvo una vitalidad literaria envidiable hasta los 87. ¿Su fórmula? Una combinación de trabajo constante e ilusión inquebrantable. Como bien afirmaba André Maurois: «Envejecer es un mal vicio que no se pueden permitir los que andan muy ocupados».

Juventud cerebral

Según el divulgador William Speed, existen pilares fundamentales para que nuestro centro de operaciones mantenga un rendimiento óptimo:

Para los especialistas en terapias «antiaging», el mejor tonificador cerebral son las zapatillas de deporte. El ejercicio mejora el ritmo cardíaco y la oxigenación, manteniendo sanas las conexiones neuronales esenciales para el pensamiento.

Una dieta rica en antioxidantes —frutas, verduras, legumbres y té verde— neutraliza los radicales libres. Evitar el exceso de grasas protege al cerebro de la hipertensión y la diabetes, enemigos directos del riego sanguíneo.

Aunque la materia gris inicia un proceso de cambio a los 30 años, el aprendizaje constante actúa como un lubricante. La mente necesita nuevos retos para conservar su elasticidad.

El estrés crónico debilita el hipocampo, región donde se consolida la memoria. Cultivar la serenidad es proteger nuestra capacidad de recordar.

Mientras dormimos, el cerebro sintetiza lo aprendido. Un buen descanso nocturno puede duplicar nuestra capacidad para resolver problemas complejos al día siguiente.

Reír estimula neurotransmisores que nos hacen sentir bien y nos ayuda a relativizar las preocupaciones, evitando que la mente se ancle en el pasado.

La madurez nos otorga un archivo de millones de situaciones que proporcionan criterio. Esta sabiduría es una herramienta poderosa para afrontar conflictos que un joven aún no alcanza a comprender.

La importancia de no abandonar el juego

«Los seres humanos no dejan de jugar porque envejecen; envejecen porque dejan de jugar», sentenciaba Oliver Wendell Holmes. Más allá de los suplementos vitamínicos, el juego es el protector número uno de las facultades mentales.

Actividades como el ajedrez, los crucigramas, el dibujo o aprender un nuevo idioma mantienen la red neuronal bien lubricada. La lectura, la escritura y la música son gimnasia mental de primer orden. Sin embargo, el ingrediente secreto es la actitud: alimentar la curiosidad y celebrar cada día permite no retirarse nunca del lado soleado de la vida.

Al observar a maestros como Picasso o Miró, comprendemos que en su vejez siguieron haciendo lo mismo que en su infancia: jugar y divertirse. Mantener esa ilusión es el verdadero elíxir. Tal como sugiere el pintor Gerard Rosés: «En cuanto empiezas a pensar como un viejo, ya has perdido la batalla. Los niños son nuestros mejores maestros».

Recuerda: Tu cerebro es un generador de creatividad, no un pozo de lamentos. Mantén viva la curiosidad de la infancia y tu mente nunca conocerá el invierno.