La crisis de un poderoso medio de comunicación
Marco Aurelio Huertas Z.
Especial
La reciente integración de Caracol Radio y La W bajo el paraguas de Prisa Media no solo responde a una debacle financiera, sino a lo que analistas consideran un «suicidio político» sin precedentes. La cadena, que durante décadas se erigió como el estándar de la imparcialidad y el equilibrio en Colombia, parece haber sacrificado su activo más valioso —la credibilidad— al asumir un rol de oposición beligerante frente al gobierno de Gustavo Petro.
La pérdida informativa
Para una gran parte de la audiencia, la transformación de estas emisoras en plataformas de activismo político marcó el inicio del fin. Al abandonar la distancia crítica propia del periodismo de Estado para abrazar una agenda de confrontación sistemática, Caracol y La W rompieron el contrato de confianza con sectores diversos de la sociedad. Según observadores de medios, «la radio, que solía ser la plaza pública de todos los colombianos, se convirtió en una trinchera ideológica, alienando a una base de oyentes que ya no se sentía representada en sus micrófonos».
El costo de la politización
Esta postura no solo erosionó la reputación de las marcas, sino que aceleró su desplome en los indicadores de audiencia. El sesgo informativo generó un efecto de saturación: el oyente, fatigado por una narrativa de oposición constante, migró hacia formatos digitales y emisoras que ofrecían una visión más plural o, al menos, menos comprometida con agendas partidistas. En palabras de expertos en comunicación, «lo que antes era una potencia imbatible sucumbió ante la tentación del sesgo; la cadena no fue derrotada por la competencia, sino por su propia incapacidad de leer a un país que buscaba análisis y no solo descalificación».
Estructura agotada por la ideología
La fusión ejecutada en enero de 2026 es, en última instancia, el epílogo de esta crisis. El modelo de Caracol, ya debilitado por pérdidas millonarias y una estructura que muchos califican como «obsoleta», no pudo sostener el peso de su propia línea editorial. Al unificar las señales en el bloque «6AM/W», la cadena intentó salvar sus finanzas, pero terminó por confirmar la pérdida de su esencia.
Como bien señala el debate actual, el fracaso de Prisa en Colombia es la crónica de un error de cálculo: «Creyeron que el poder mediático residía en la capacidad de oponerse a un gobierno, cuando en realidad residía en la capacidad de hablarle a toda la nación. Al elegir un bando, perdieron el país». Hoy, con una fidelidad de marca en mínimos históricos y un mercado publicitario que huye de la polarización extrema, la radio que alguna vez fue el corazón de la opinión pública enfrenta el reto de sobrevivir a sus propios sesgos. definitivamente.
El fin de la autonomía
La desaparición de La W como marca independiente ha dejado un vacío difícil de llenar. El tradicional ritmo internacional y el dinamismo del «breaking news» que caracterizaba a la emisora dirigida por Julio Sánchez Cristo se ha diluido en una estructura híbrida denominada «6AM/W». Según diversos críticos, este nuevo formato resulta «pesado» y carece de la agilidad que los seguidores de Sánchez Cristo esperaban.
Esta reconfiguración no solo ha afectado el estilo, sino que ha provocado una desbandada de talentos sin precedentes. La salida de periodistas históricos y la drástica reducción de nóminas —se estiman más de 80 despidos en el último año— refuerzan la tesis de que se ha priorizado el recorte de gastos sobre la calidad informativa. Fuentes del sector señalan que «la pérdida de espacios y voces no es progreso, es una alerta sobre un sector que, sin una reinvención ética, arriesga su relevancia futura».
Un salvavidas
La fusión no nació de una posición de fortaleza, sino de una crisis financiera profunda. En 2024, Caracol S.A. reportó pérdidas cercanas a los 7.000 millones de pesos, un golpe que evidenció el agotamiento de su modelo tradicional y la caída estrepitosa en la pauta publicitaria. Este escenario obligó a unificar las señales para eliminar la competencia interna; sin embargo, la estrategia ha resultado contraproducente. Al sintonizar lo mismo en ambas frecuencias, se ha incentivado una migración masiva hacia alternativas como Blu Radio, La FM de RCN o plataformas digitales. Como mencionan analistas de medios, «el oyente que antes saltaba de una emisora a otra para buscar diversidad, ahora encuentra un monólogo informativo que lo expulsa hacia la competencia».
La fractura del contrato emocional
El fracaso percibido radica en la ruptura de la costumbre y el afecto. La eliminación de programas emblemáticos como el «VBar» y los cambios drásticos en la franja de opinión han generado una profunda nostalgia. La audiencia siente que se ha acogido un formato en declive, sacrificando la sofisticación de La W por una fórmula que no convence ni a los antiguos seguidores de Gustavo Gómez ni a los de Julio Sánchez Cristo.
Esta crisis se traslada al mercado publicitario, donde se observa un «efecto búmeran». Al fusionar las marcas, el inventario se redujo y la efectividad se diluyó. Las agencias de medios están renegociando a la baja, argumentando que «ya no están comprando dos mundos, sino uno solo que suena a medias». Esto ha acelerado el trasvase hacia el ecosistema digital, donde se estima que para este año el 60% de la publicidad en la región será digital, buscando el «engagement» verificable que la radio AM/FM está perdiendo.
El ascenso de la competencia
Los datos del último Estudio Continuo de Audiencia Radial (ECAR) confirman que el descontento es una realidad estadística. La fidelidad de marca hacia La W ha caído un 22%, mientras que el tiempo de permanencia diaria se reduce drásticamente. En este vacío, Blu Radio se ha consolidado como el gran heredero, capturando al oyente corporativo que busca estabilidad. Por su parte, La FM ha logrado picos históricos en estratos altos con un estilo más confrontativo.
Paralelamente, el crecimiento del 70% en la sintonía de Radio Nacional de Colombia (RTVC) revela que el público busca refugio en contenidos sin la carga comercial excesiva que hoy satura la señal unificada de Prisa. Mientras tanto, la verdadera revolución ocurre en el entorno digital: el consumo de pódcasts en el país ya promedia 1 hora y 9 minutos diarios, superando a la radio tradicional. Proyectos independientes como «Los Danieles», «A Fondo» con María Jimena Duzán o «Presunto Pódcast» se han convertido en los nuevos pilares de la opinión y la libertad editorial.
En conclusión, la unificación de Caracol y La W no logró contener la hemorragia financiera, sino que fragmentó la audiencia de manera irreversible. Como bien apunta el debate actual, «el fracaso no fue unirse para ahorrar dinero, el fracaso fue creer que el oyente no se daría cuenta de que le estaban quitando la mitad de su menú informativo». Estamos ante el fin de la radio de antena y el nacimiento de la radio de demanda; el 35% de los oyentes que abandonaron el dial tradicional no planean volver, pues ahora son los dueños de su propia programación en la palma de su mano.