Juliana Márquez, madre del expresidente Iván Duque y Nova Lorena Cañón, persona de confianza del Jefe de la banda «Las Marionetas».
Feliza Diaz C
Judicial
Una investigación de la revista «Cambio» y el periodista Daniel Coronell ha puesto bajo la lupa una serie de interceptaciones telefónicas que sugieren un presunto tráfico de influencias en las más altas esferas del poder anterior. Las revelaciones, que han cobrado renovada vigencia tras ser difundidas por figuras como Fabio Ariel Cardozo, exponen las conversaciones entre Juliana Márquez, madre del expresidente Iván Duque, y Nova Lorena Cañón, pieza clave en el engranaje de corrupción del fallecido exsenador Mario Castaño.
El origen de esta controversia se remonta a septiembre de 2022, cuando se conocieron audios interceptados por la Fiscalía en el marco de la operación «Las Marionetas». En dichos registros, se detallan gestiones que desdibujan la línea entre la labor social y el aprovechamiento del cargo. Entre los puntos más críticos, se mencionan supuestos intereses en nombramientos consulares en España y una inusual disposición de la Sociedad de Activos Especiales (SAE) para entregar miles de inmuebles incautados a la mafia bajo la premisa de impulsar «talleres escuela».
Entre la gestión social y el clientelismo
Las grabaciones revelan una cercanía comprometedora con entidades como la DIJIN, donde se habrían gestionado donaciones de vehículos con una frase lapidaria que hoy resuena en los despachos judiciales: «Lo que la señora Juliana pregunte, allá le pueden decir si lo hay o no lo hay». Por su parte, Nova Lorena Cañón, ya condenada por la justicia, admitió haber instrumentalizado el nombre de la madre del mandatario para agilizar proyectos en diversos ministerios, cobrando coimas a la red criminal sin que, aparentemente, Márquez tuviera conocimiento del trasfondo delictivo.
Un debate sobre la ética y la justicia
La defensa de Juliana Márquez ha sido invariable: sus actuaciones siempre estuvieron guiadas por un espíritu «altruista y social», desconociendo las maniobras ilegales de su enlace. Si bien Cañón respaldó esta versión al afirmar que la señora Márquez «nunca se enteró» de los pagos ilícitos, el caso persiste como un referente crítico sobre cómo las redes de clientelismo lograron infiltrar las estructuras estatales. A pesar de las críticas hacia la Fiscalía por no profundizar en las responsabilidades de alto nivel, el expediente permanece como una herida abierta en la memoria de la transparencia pública del cuatrienio anterior.
Grabaciones
«Hablé con el viceministro y le dije: «Mire, mi sobrina está en el consulado de España, ella es una niña muy pila, pero allá no le están parando bolas». Y él me dijo: «No se preocupe, doña Juliana, que yo mismo me encargo de que todo funcione».
Nova Lorena Cañón: «Hablé con el director de la SAE y me dijo: »Dígale a la señora Juliana que tengo 28.000 inmuebles a su disposición”. Que usted le diga en qué ciudad los quiere para sus talleres escuela y él se los entrega ya mismo».
Juliana Márquez: «¡Tan divino! Pues miremos en el Tolima, en Honda y en el Espinal, que allá necesito espacio para las niñas».
Nova Lorena Cañón: «Hablé con el general de la DIJIN por el tema de las bicicletas y los carros para las donaciones. Me dijo textualmente: «Lo que la señora Juliana pregunte, allá le pueden decir si lo hay o no lo hay, y se lo apartamos de una vez».
Cañón le reporta a Márquez cómo utiliza su nombre para «aceitar» la maquinaria estatal:«Ya estuve en el Ministerio de Cultura y en el de Deporte. Apenas les digo que voy de parte suya, se ponen firmes. El proyecto de los sacos de lana para las abuelas ya quedó radicado y me dijeron que le daban prioridad por ser pedido suyo».
Estas transcripciones son la prueba reina del llamado «tráfico de influencias de cuello blanco», donde no necesariamente hay un intercambio de dinero en efectivo frente a la cámara, sino una instrumentalización del parentesco presidencial para saltarse los canales institucionales.
