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Fin de una era científica: EL SATÉLITE VAN ALLEN PROBE A IMPACTA EN EL PACÍFICO ORIENTAL

La NASA y la Fuerza Espacial de los Estados Unidos confirmaron que la sonda científica «Van Allen Probe A» reingresó a la atmósfera terrestre de manera descontrolada ayer. Tras 14 años de misión estudiando los cinturones de radiación, los restos de la estructura de 600 kilogramos cayeron en una zona remota del Océano Pacífico, específicamente al oeste de las «Islas Galápagos».

 

Internacional 

Primicia Diario

La NASA y la Fuerza Espacial de los Estados Unidos confirmaron que la sonda científica «Van Allen Probe A» reingresó a la atmósfera terrestre de manera descontrolada ayer. Tras 14 años de misión estudiando los cinturones de radiación, los restos de la estructura de 600 kilogramos cayeron en una zona remota del Océano Pacífico, específicamente al oeste de las «Islas Galápagos». La agencia espacial informó que el evento, aunque no planificado para esta fecha, se adelantó casi una década debido a la «intensa actividad solar» registrada entre 2024 y 2025, la cual expandió la atmósfera y aumentó la fricción sobre el artefacto.

Pese a la naturaleza del reingreso, las autoridades enviaron un mensaje de tranquilidad al asegurar que el riesgo de afectación humana fue de apenas un «0.02 por ciento». Aunque la fricción atmosférica desintegró la mayor parte de la sonda, se estima que componentes de alta densidad, como los tanques de titanio, sobrevivieron al calor y se hundieron en aguas internacionales. Con este impacto, concluye el legado físico de una misión que resultó fundamental para entender los riesgos de la radiación espacial, dejando a su sonda gemela, la «Van Allen B», como el único rastro inerte de este ambicioso proyecto en la órbita terrestre.

El inesperado reingreso de la sonda científica, que originalmente se proyectaba para la próxima década, pone de manifiesto la vulnerabilidad de la infraestructura orbital ante el actual ciclo de «máximo solar». Según los expertos de la NASA, las potentes tormentas solares de los últimos dos años provocaron una dilatación de la termosfera, generando un arrastre atmosférico que sentenció prematuramente la trayectoria de la «Van Allen Probe A». A pesar de su abrupto final en las profundidades del Pacífico, el legado de la misión es invaluable: durante más de doce años, sus instrumentos de alta precisión permitieron cartografiar las dinámicas de los cinturones de radiación de la Tierra, proporcionando datos críticos para proteger las redes de comunicaciones y la seguridad de los astronautas frente a las inclemencias del clima espacial.