
Las Fuerzas Militares han asestado un golpe estratégico a las redes de logística criminal. La incautación de un helicóptero Hughes 500 en el aeródromo de Guaymaral y hangares de Cota y Funza pone de manifiesto una táctica que, aunque modernizada con tecnología de punta, guarda ecos profundos con el pasado oscuro del país.
Rafael Camargo Vásquez
Judicial
El reciente operativo conjunto en Cundinamarca y Bogotá, fechado en febrero de 2026, no es un hecho aislado en la cronología del conflicto colombiano. Representa un nuevo capítulo en la sofisticada lucha por el control del espacio aéreo, donde las Fuerzas Militares han asestado un golpe estratégico a las redes de logística criminal. La incautación de un helicóptero Hughes 500 en el aeródromo de Guaymaral y hangares de Cota y Funza pone de manifiesto una táctica que, aunque modernizada con tecnología de punta, guarda ecos profundos con el pasado oscuro del país.
«Identidad Espejo»
Lo que distingue este decomiso es el hallazgo de una adulteración estructural meticulosa. Durante la inspección técnica, los peritos detectaron que los remaches de la placa de identificación no correspondían a los originales de fábrica. Esta técnica sugiere que la aeronave operaba bajo una «matrícula espejo», una forma de «legalizar» naves de procedencia ilícita utilizando la identidad de aeronaves con registros vigentes.
Este método permite a las organizaciones criminales mover armas, divisas y precursores químicos bajo la apariencia de vuelos civiles lícitos en nodos estratégicos como Guaymaral. El Hughes 500 es el instrumento predilecto para estas misiones: su tamaño compacto facilita el ocultamiento, mientras que su agilidad le permite aterrizar en terrenos hostiles y evadir radares volando a baja altura.
De Tranquilandia a la actualidad
Para comprender la relevancia del Hughes 500 en el imaginario criminal, es imperativo retroceder hasta marzo de 1984, cuando la «Operación Tranquilandia» desmanteló el mayor complejo de procesamiento de cocaína del Cartel de Medellín en las selvas del Caquetá. En aquel entonces, la Policía Nacional y la DEA incautaron más de una docena de aeronaves, pero una en particular desataría un escándalo que ha resonado por décadas.
Se trataba del helicóptero Hughes 500 con matrícula HK-2704 X. Las investigaciones de la época confirmaron que la nave pertenecía a la empresa Bio-S.A., propiedad de Alberto Uribe Sierra, padre del expresidente Álvaro Uribe Vélez. Aunque la defensa de la familia sostuvo siempre que la aeronave había sido vendida meses antes o que se encontraba en el lugar bajo circunstancias ajenas al ilícito, su hallazgo en el epicentro del narcotráfico marcó un hito sobre la problemática de las «naves en manos equivocadas».
Hoy, 42 años después, la estrategia se repite con variaciones tecnológicas. Mientras que en los años ochenta el camuflaje se basaba en la distancia y la espesura de la selva, en 2026 la apuesta es la infiltración en aeródromos legales mediante la alteración metalográfica y el uso de testaferros aeronáuticos.
Un rastro con motor
La investigación que ahora adelanta la Fiscalía General de la Nación se centra en la trazabilidad del motor incautado. A diferencia de las placas de identificación, los motores poseen una «hoja de vida» o logbook que resulta casi imposible de falsificar en su totalidad. A través de análisis metalográficos para recuperar números de serie originales, las autoridades buscan desentrañar si esta aeronave posee reportes de robo internacional o si ha estado vinculada a otros operativos previos de gran escala, como los realizados contra el Clan del Golfo entre 2021 y 2022.
Este operativo de 2026 reafirma que, pese al paso de las décadas y el cambio de los actores, el helicóptero sigue siendo la joya de la corona para la logística criminal; una herramienta que, desde los tiempos de Tranquilandia, continúa desafiando la vigilancia del Estado colombiano.
Tranquilandia, el mayor complejo de cocaína de Pablo Escobar desmantelado en 1984 por Rodrigo Lara Bonilla, ocultaba un helicóptero vinculado a la familia de Álvaro Uribe Vélez. Tras el asesinato del ministro con presunta ayuda del DAS, este hallazgo permanece como un capítulo histórico sin una explicación contundente para el país.
Las autoridades incautaron un helicóptero y un motor con denuncias por hurto y falsedad marcaria en una bodega entre Cota y Funza, Cundinamarca. La aeronave, que ya había sido confiscada en 1992, fue recuperada tras un operativo conjunto de la Quinta División del Ejército y el CATAM.