El Pacto Histórico oficializó su retiro de la consulta del 8 de marzo tras el bloqueo del CNE, concentrando ahora toda su artillería en la candidatura presidencial directa de Iván Cepeda.
Javier Sánchez
Crónica Política
El aire en la capital colombiana se siente pesado, cargado de esa electricidad que solo precede a los grandes sismos políticos. Lo que inicialmente se vendió como la «Gran Fiesta de la Unidad Progresista» para este 8 de marzo, se a convertido en un festival de vanidades antes de tiempo. El presidente Gustavo Petro, en un movimiento que muchos califican de «suicidio táctico» y otros de «brillantez maquiavélica», ha decidido soltar la mano de sus precandidatos y concentrar todo su capital en una sola trinchera: el Congreso de la República.
«Congreso o nada»
La orden presidencial bajó como un rayo desde la Casa de Nariño: «Votaré el 8 de marzo, pero solo en los tarjetones de Senado y Cámara». Con esta frase, Petro no solo desautorizó la consulta presidencial de su propia coalición, sino que la dejó «herida de muerte». Para el mandatario, la presidencia del 2026 es una ilusión si antes no se extirpa lo que él denomina la «presunta delincuencia» que hoy habita en el Capitolio.
El argumento es visceral y busca conectar con la indignación popular. Petro sostiene que el Congreso actual le «quitó a la sociedad las reformas más sensibles» y que la prioridad nacional debe ser arrebatarle el control a las «mafias que subyugan al pueblo». Al ignorar el tarjetón presidencial, Petro está sacrificando el ritual de la consulta para salvar el fondo de su proyecto político.
Roy Barreras: Entre la «obstinación» y el «limbo»
En medio de este tsunami, la figura de Roy Barreras emerge como la del náufrago que se niega a soltar la tabla, incluso cuando la orilla ha desaparecido. A pesar de que las encuestas de enero y febrero de 2026 lo sitúan en un humillante 0.2% o 0.5% —cifras que los estadísticos llaman «ruido de fondo» porque ni siquiera alcanzan el margen de error—, Barreras insiste en su candidatura por «La Fuerza de la Paz».
La narrativa oficialista es implacable: se dice que Roy está «vendiendo boletas para una obra de teatro que ya fue cancelada». Su intento de posicionarse como el «puente de centro» dentro de la izquierda ha chocado contra el silencio glacial de Petro y el rechazo frontal de las bases, que hoy lo ven más como un «camaleón en busca de oxígeno» que como un líder de cambio.
¿Pesca de incautos?
La desesperación de Barreras alcanzó su clímax esta semana con una propuesta que muchos califican de «delirante»: anunciar que, de ganar la presidencia, Gustavo Petro sería su vicepresidente. Esta maniobra, tildada por los analistas como una «pesca de incautos», busca capturar el voto del petrismo radical que, por orden directa de su líder, ya decidió ignorar la consulta.
«Es un intento de asalto a la buena fe», comentan desde las entrañas del Pacto Histórico. Al proponer a Petro como su segundo, Roy intenta crear una ilusión de continuidad para engañar al votante desinformado. Sin embargo, la jugada parece haberle salido por la culata: las «bodegas» y las bases digitales han reaccionado con burlas y recordatorios de su pasado político bajo las banderas de Uribe y Santos.
El CNE y el mazazo final
Si algo faltaba para sepultar la consulta, fue la intervención del Consejo Nacional Electoral (CNE). Con la revocatoria de listas clave y la inhabilitación de figuras como Iván Cepeda para participar en este mecanismo (quien ahora aterrizará directamente en primera vuelta), la consulta se quedó sin competidores de peso. El escenario actual deja a la izquierda en una «vulnerabilidad jurídica total», con un CNE que parece haber asumido el papel de protagonista en la oposición del gobierno y defensa de la derecha colombiana.
Un salto al vacío
La izquierda llega al 8 de marzo fracturada, confundida y con órdenes contradictorias. Mientras Roy Barreras juega al «todo o nada» con promesas que rozan lo absurdo para no desaparecer, el grueso del movimiento sigue la consigna del «Presidente-Candidato-Invisibile»: concentrarse en la «limpieza del Congreso».
Petro ha decidido que prefiere un ejército fiel en el Capitolio que un sucesor débil elegido en una consulta descafeinada. El éxito de esta apuesta se medirá en curules, no en votos presidenciales. El 8 de marzo será el día en que sabremos si el pueblo entendió el mensaje de «votar solo por el Congreso» o si la confusión sembrada por la «pesca de incautos» termina por entregarle las llaves del país a la oposición.
En medio de este tsunami, la figura de Roy Barreras emerge como la del náufrago que se niega a soltar la tabla, incluso cuando la orilla ha desaparecido.