Javier Sánchez
Lo que inició como una diferencia de matices estratégicos de cara a los comicios de 2026 ha mutado en una fractura expuesta. La derecha colombiana atraviesa hoy su momento de mayor tensión, marcada por el enfrentamiento frontal entre Enrique Gómez Martínez, director de Salvación Nacional, y el sector del Centro Democrático que lidera la candidata presidencial Paloma Valencia, con el agravante de la intervención directa de la familia Uribe en la disputa.
El detonante
La onda de choque tras las consultas interpartidistas de marzo de 2026 alteró el tablero. Mientras Paloma Valencia se consolidó como la carta oficial del uribismo tras ganar la «Gran Consulta por Colombia», Salvación Nacional optó por un camino periférico. La apuesta de Gómez por una lista propia al Senado y el impulso a la figura de Abelardo de la Espriella —el denominado «Tigre»— logró superar el umbral, pero quedó numéricamente rezagado frente al músculo electoral de la coalición de Valencia.
La narrativa
Gómez ha radicalizado su discurso, tildando al Centro Democrático de ser una «oposición floja» y parte de un sistema que él busca demoler. Sus críticas se han centrado en tres ejes:
El «Club del 1 %»: Un calificativo con el que Gómez desprecia a los sectores que, a su juicio, no confrontan con la debida severidad al oficialismo.
La crítica a la continuidad: El líder de Salvación Nacional sostiene que una presidencia de Valencia representaría «otros 20 años de lo mismo», defendiendo la necesidad de una «derecha integral» sin complejos frente a las instituciones.
El factor Iván Cepeda: Gómez cuestiona la capacidad de Valencia para derrotar al candidato del gobierno, sugiriendo que su enfoque es insuficiente para el actual momento político.
La contraofensiva del uribismo
Desde el Centro Democrático, la respuesta ha pasado de la invitación a la unidad hacia la réplica contundente. Aunque Valencia ha reiterado que «el único enemigo es el heredero del petrismo», no ha ocultado su malestar ante lo que considera ataques personales de Gómez.
Un hito clave en esta escalada fue la intervención de Tomás Uribe Moreno. En un movimiento poco habitual, el hijo del expresidente pidió públicamente a Gómez que se «serene», recriminándole que ataque al uribismo cada vez que su campaña se siente bajo el escrutinio público, en lugar de articular soluciones nacionales.
Visiones en colisión
A día de hoy, la división parece insalvable. Los contrastes son nítidos:
Estrategia: Gómez apuesta por un purismo de derecha radical; Valencia por una coalición amplia que incluya sectores de centro.
Liderazgo: Mientras Salvación Nacional defiende la independencia absoluta, el uribismo reivindica la legitimidad de su victoria en las urnas.
Legado: Para Gómez, el uribismo ha cumplido su ciclo; para Valencia, sigue siendo el eje gravitacional de la plataforma opositora.
El escenario para la primera vuelta de mayo de 2026 se presenta sombrío para este sector. Analistas coinciden en que la persistencia de Gómez en una candidatura independiente podría atomizar el voto opositor, allanando el camino para la continuidad oficialista. La «pelea» actual trasciende las ideas: es un choque de egos y pragmatismo donde «normalizar la fractura» podría ser el error de cálculo más costoso para la derecha en la historia reciente de Colombia.
