Noticias, TOP

El rastro del dinero en la «democracia» colombiana: LA CLOACA ELECTORAL

El valor que las «mafias electorales» le pusieron al voto en Colombia.

 

 

 

Javier Sánchez

Investigación 

«Definitivamente la política en Colombia es una mafia». Esta frase resuena con amargura en las esquinas de los barrios más humildes, donde la esperanza ya no se deposita en las urnas, sino que se mide en el valor de una «bicha» o en el precio de un tarjetón marcado.

En este país, la democracia ha dejado de ser un ejercicio de voluntad para convertirse en una fría inversión de capital: «gana quien tiene todo el dinero para invertir en la compra de conciencias».

El ciclo es eterno y degradante. Si en las elecciones pasadas se pagaba 50 mil pesos por un voto, hoy las maquinarias esgrimen el alza del salario mínimo para tasar la dignidad en 100 mil pesos. En este mercado negro de la política, «el dinero bueno y malo fluye en cantidades alarmantes».

La inversión no conoce de ética ni de fronteras legales. «Los narcos, los ladrones, los asesinos, los corruptos, los comerciantes, los industriales, los académicos y los emprendedores» se sientan en la misma mesa con un objetivo común: lograr el poder para acceder a contratos multimillonarios.

Mientras ellos brindan por el éxito, el costo social es devastador. Son los niños quienes pagan la cuenta al quedarse «sin alimento, sin salud y sin educación».

Es una tragedia humana donde la población muere porque «los recursos de la salud se quedaron en manos de los corruptos», mientras los responsables «se camuflan con la mal llamada democracia», que de democracia no tiene nada, pues los cargos ya tienen dueño antes de abrir las urnas.

Herederos del poder

El Congreso de la República parece hoy más una sala de estar familiar que un recinto legislativo. «Familias enteras pasan por el Congreso (padre, madre, esposa, hijos, nietos, etc.) y las curules se han vuelto hereditarias». Estos elegidos no llegan a legislar para el país, sino a crear leyes que les permitan enriquecerse «estando al servicio de los llamados poderosos legales o ilegales».

En este 2026, los clanes han blindado sus estructuras para asegurar su supervivencia:

El Clan Char (Atlántico): «Sigue siendo la estructura más poderosa del Caribe». Diversifican sus apuestas a través de Cambio Radical con figuras como Carlos Fernando Motoa y César Lorduy, mientras mantienen puentes con el Partido Liberal (Mauricio Gómez Amín) y el Conservatismo, controlando desde la Alcaldía de Barranquilla hasta la Gobernación.

Los Barretos (Tolima): Conocidos como los «Char del interior», dominan la burocracia regional, desde la Gobernación y Alcaldías hasta la Corporación Autónoma. Su líder, Óscar Barreto, impulsa a su sobrino Santiago Barreto como heredero en el Senado. Sobre este clan pesan oscuras versiones sobre la «utilización sexual de jóvenes que aspiran a ingresar a la nómina pública».

El Clan Torres y el Pacto Histórico: La «contaminación» ha llegado a los sectores alternativos. Pedro Flórez, heredero del clan Torres, se refugia en el Pacto Histórico.

La Fuerza de la Paz de Roy Barreras sirve de puerto para clanes que no encajan en la izquierda pura, como los Besaile (representados por Milena Flórez).

Dilian Francisca Toro y Jorge Emilio Rey: En el Valle, el Partido de la U maneja la contratación con empresas de «extrema confianza» En Cundinamarca, la estructura de Rey permea de forma transversal a Cambio Radical, el Partido Verde y sectores Liberales.

El naufragio de los humildes

«La política en Colombia se volvió una cloaca», un lugar donde el privilegio de unos pocos se construye sobre la miseria de los contribuyentes. Mientras los candidatos multimillonarios se disputan la Presidencia y el Congreso «simplemente para robarse los dineros del país», la gente humilde vive en la miseria, pagando impuestos que nunca se traducen en dignidad.

La «transversalidad» política es solo el eufemismo del oportunismo: ya no hay ideologías, solo jefes regionales negociando con el mejor postor, dejando a Colombia atrapada en un ciclo donde la única ley que impera es la de la conveniencia del clan.

El expresidente del Congreso, Iván Name, permanece recluido en cárcel «La Picota» por el escándalo de corrupción de la UNGRD. Desde su sitio de reclusión, el exsenador coordina la estructura política para impulsar la candidatura de su exesposa, María Clara Ramírez, al Senado de la República. 

La urna de Pandora:La abierta corrupción electoral en Colombia.