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Entre el sacrificio del Calvario y la sombra del adversario: EL VIERNES 13

Viernes 13 continúa desafiando la lógica moderna.

 

Primicia Diario

El viernes 13 se alza en Occidente como un enigma donde la teología y el folclore se entrelazan para alimentar un miedo milenario. Aunque las Escrituras no lo mencionan explícitamente, la tradición cristiana ha cimentado esta mística sobre la Pasión de Cristo: la combinación del día del sacrificio con el estigma del número trece. La génesis de este temor se remonta a la Última Cena, donde Judas Iscariote, el invitado número trece, personificó la traición y, según la creencia popular, «la entrada del espíritu del Diablo en el cónclave sagrado». Esta carga negativa se refuerza en el Apocalipsis, que reserva su capítulo 13 para la aparición de la Bestia, rompiendo la armonía del número doce.

La influencia de lo maligno y el luto medieval

El viernes, día de luto absoluto por la Crucifixión, fue rodeado por la tradición medieval de otros sucesos infaustos, como la expulsión del Edén. En este contexto, la figura del Diablo adquiere protagonismo, pues la superstición sugiere que «las fuerzas de la oscuridad gozan de mayor libertad de acción» al conmemorarse el momento en que el mundo quedó bajo la sombra de la muerte de Dios. Este estigma se selló históricamente con la caída de los Caballeros Templarios en 1307, un episodio marcado por acusaciones de ritos diabólicos que consolidó la reputación maldita de la fecha.

Entre la fe, el mito y la actualidad

A pesar de la tredecifobia y el peso de Loki —dios del caos en la mitología nórdica—, la Iglesia defiende una postura de recogimiento, viendo en el viernes el acto supremo de redención y no una jornada de infortunio. No obstante, el impacto cultural persiste; desde rituales de protección hasta su explotación en el cine de terror, el viernes 13 continúa desafiando la lógica moderna. En última instancia, esta fecha sigue siendo una construcción cultural que «mezcla lo sagrado con el miedo a lo desconocido», un día donde la frontera entre la providencia y la tentación parece volverse peligrosamente tenue.