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EDITORIAL


 

¡Justicia!

Lo que se inició con una polémica de las altas Cortes con el Gobierno nacional y el Congreso de la República, se ha convertido en una «guerra sin cuartel».

Los «disparos verbales» de cada uno de los sectores son cada día más frecuentes, lo cual ha originado fuertes pronunciamientos de las partes.

Todo tuvo origen en el revanchismo de los poderes ejecutivo y legislativo por la acción decidida, transparente y sin cuartel que aplicó la honorable Corte Suprema de Justicia, para rescatar al Estado de las manos de la mafia y la parapolítica, que se habían tomado  las instituciones estatales, con el beneplácito de los políticos y algunos miembros de las Fuerzas Armadas.

Ahora se pretende cobrarles ese proceder a las altas Cortes, dejándolas sin «dientes» para poder combatir la delincuencia, especialmente la llamada de «cuello blanco».

Los aforados del poder legislativo insisten en elegir ellos mismos a sus propios jueces, para evadir la competencia de la Corte Suprema de Justicia, que cumplió una labor que es reconocida por la comunidad internacional.

El Gobierno y los políticos gobiernistas intentaron, con todos los medios del Estado, desprestigiar a la Corte Suprema de Justicia, para evitar que siguiera en su tarea de rescatar la decencia en Colombia; pero, finalmente, no lograron su objetivo.

Ahora vieron la oportunidad de pasar la «cuenta de cobro», mediante la llamada reforma a la justicia, la cual ha sido rechazada por las Cortes y por los académicos y abogados del país, al considerar que en nada beneficia al régimen judicial.

A los colombianos solamente nos queda reclamar para nuestro país: ¡Justicia!