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UNA ENFERMEDAD TAN MORTAL COMO EL CANCER

FRED EMIRO NUÑEZ CRUZ

Columnista Primicia

 

Hay en nuestro país un nombre tan conocido como Simon Freud con su propia teoría con amplios rasgos de filósofo, es Martín Emilio Rodríguez, “cochise” quien instituyo en un momento de desespero, cuando le quisieron birlar el record de la hora en pista alcanzado en México la famosa frase “en Colombia la gente se muere más de envidia que de cáncer”, claro que la acuñó cada vez que alguien mostraba furia a cambio de euforia con los triunfos del antioqueño considerado el mejor ciclista criollo de todos los tiempos.

Si en nuestra hermosa nación alguien triunfa, una persona, hombre o mujer, consigue dinero o  monta un buen negocio, si se surge en una profesión, si viaja al exterior, si adquiere independencia, si alcanza honores, si es coronada reina, si consigue un excelente puesto y de ahí en adelante todo lo que sea dinamizador inmediatamente salen los señalamientos o epítetos que van desde algo raro hizo, quien sabe en qué torcido se metió, hasta mafioso será, es homosexual o  prostituta, quien sabe cómo lo consiguió e infinidad de calificativos destructores hasta lo indecible, antes que pasar por la alegría y el aplauso por un logro cualesquiera que sea.

Claro que la envidia  es tan antigua como la misma creación, basta con leer el episodio de Caín y Abel en el Génesis y por la maldita envidia el primero se convirtió en el  asesino número de la humanidad utilizando la quijada de un asno, desde entonces nos complicamos tanto que DIOS se arrepintió de habernos inspirado vida, escrito está.

La envidia se siente y fragua planes macabros generando la avaricia por eso mujeres ordenan asesinar a sus maridos pudientes para quedarse con sus riquezas o viceversa; la envidia embarga a católicos, cristianos, ortodoxos, mahometanos, ateos y no respeta credo, también toca políticos, periodistas, economistas, abogados, magistrados, al de la zorra y el del mercedes Benz. En cada ser humano habrá un motivo que éste justifica con rabia y marcado desdén para  su incomodidad a través de la envidia; no hay envidia sana, de tal manera ella será un pecado mortal siempre y por siempre, de tal manera este sentimiento atroz marca determinado tipo de incapacidad en quien la siente, por eso es mejor despertarla.

Esta emoción adversa a la legalidad del correcto comportamiento humano se encuentra de moda, más que ayer, ahora que alcaldes y gobernadores siguen nombrando sus colaboradores, unos llegan por méritos, otros por intriga, hija de la envidia; los primeros prevalecen pero deben cuidarse de los segundos que fenecen y enferman de la envidia. Cualquier hendija es cómplice de la envidia y por ciertas rajas varios hombres mueren de envidia. Si miramos la paja en el ojo ajeno y no examinamos la viga propia, si abrimos la boca, cargando pecado, al lado del que comulga, si deseamos lo del vecino sin hacer nada por nosotros y tantas cosas más, somos auténticos envidiosos. Total y definitivo, la envidia es una enfermedad mortal, cochise tiene la razón.