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DESERCIÓN ESCOLAR

educarEducar al niño es educar al futuro de un país 

 

 

María del Rosario Higuera Soto

Psicóloga –Clínica de lo social-

Lic. Educación Preescolar

Universidad de San buenaventura Cali.

Especial para Primicia.

 

Aunque Colombia hace esfuerzos para contrarrestar el problema del ausentismo en las aulas, que siempre ha estado presente en el país, este sigue siendo uno de los inconvenientes más reiterativos con los que se sigue luchando, pese a que en cada Gobierno, unos más que otros, se innovan programas e incentivan  acciones para evitar que menos estudiantes abandonen las aulas.

 

Lo más grave es que la deserción está dándose con el mismo rigor en los primeros años de estudio, es decir, entre primero y segundo de primaria, situación que es muy preocupante por ser la etapa crucial en la que los niños obtienen las bases fundamentales para apropiarse de las competencias necesarias para el logro de la lectura y la escritura, así también para la lógica matemática.

Para entender el porqué sigue persistiendo en la educación colombiana el ausentismo en las aulas es necesario indagar, desde diversos contextos relacionados con la educación, sin alejarlo de la realidad del país y de las implicaciones  para la crianza en medio de dificultades económicas y de violencia, en las que vive un gran número de niños, ya que estos factores son determinantes para abandonar la educación a temprana edad, porque de una u otra manera alteran el normal desarrollo de los menores.

De allí que sea de vital importancia crear planes de apoyo, y, sobre todo, de concientización para que los diversos actores involucrados en la formación de los niños, llámense Gobierno, familia, educadores, sociedad y las instituciones encargadas para el logro de este objetivo entiendan y reconozcan que en sus manos y en las decisiones que tomen  está el futuro de un país, porque educar es un derecho fundamental y no una dádiva.

Es verdad que Colombia tiene mucho problemas complejos: de pobreza y desempleo; y que hemos vivido por más de cincuenta años en medio de la violencia, pero no es excusa que esta compleja realidad se constituya en motivo para que nuestros dirigentes se escuden en ello para no solucionar un problema de fondo, en el que los más perjudicado sean los estudiantes porque sobre ellos recae la inoperancia de un sistema que es indiferente con sus niños y, por ende, con sus conciudadanos.

Los tres motivos básicos para que los niños dejen de ir a estudiar son económicos, familiares y el que a muchos niños, jóvenes y adolescentes no les dan deseos ir a estudiar y prefieran abandonar las aulas. Todos estos factores son influyentes, son motivo de análisis porque cada uno de ellos es determinante, pero el que más llama la atención es reconocer que los niños, a temprana edad, se estén aburriendo  de las escuelas y  renunciando a vivir esta experiencia en la que el deseo de compartir con sus pares les ha dejado de llamar la atención.

Esto lleva a pensar que algo está pasando en las instituciones que no logra atraer con sus programas académicos, el interés y el deseo de los alumnos, situación que se puede correlacionar con estadísticas, las cuales indican cómo un mayor número de niños abandonan el estudio entre los grados primero y segundo de primaria.

Esta situación invita a reflexionar sobre los programas académicos, y si estos están fallando, muy especialmente en preescolar y transición, que es la primera etapa de la educación, pero en la que  seguramente se está saturando al niño con programas no acordes con el desarrollo cognitivo, físico y psicoemocional de esta importante etapa de la vida infantil, que acoge a niños  entre cero y seis años, quienes han dejado de ir al preescolar o jardín infantil a recibir un aprestamiento que despierte en ellos interés, los socialice, les enseñe a ser creativos, autónomos y auténticos y que despierte sus habilidades, y lo más importante el prepararlos  para iniciar una educación primaria con las bases fundamentales para no desertar del colegio.

Es lamentable que niños cada vez más pequeños inicien su faena educativa al ritmo de los padres, que los dejan casi al amanecer en los colegios, con sueño y con desconcierto de sentir el estrés y el apuro familiar. Es igualmente agotador para su corta edad que se les fuerce a la escritura y la lectura, sin antes haber vivido un proceso de aprestamiento en medio de la lúdica y la recreación. Hoy los jardines de infancia perdieron su razón de ser y las consecuencias de sus severos cambios que saturan y estresan a los niños están pasándole la cuenta a una sociedad competitiva, que olvidó las teorías de los grandes pedagogos que dieron inicio a este revolucionario método de inducción educativa en los jardines de infantes.

Froebel, VigotsKi, Piaget, Montessori, las hermanas Agassi y muchos más investigadores y pedagogos de la educación infantil, nunca hablaron de que en esta etapa, entre 0 a 6 años, fuera el momento ideal para que el niño saliera leyendo y escribiendo de los jardines es una idea absurda, es un proceso agotador porque para escribir la pinza de sus manitas no está lista, su capacidad mental no está preparada para la lecto-escritura y los procesos académicos a los que son sometidos lo único que les deja es agotamiento, confusión y una temprana renuncia a continuar estudiando.

Los preescolares y jardines de infantes son sitios ideales para que los niños aprendan a vivir en comunidad, respetar, adquirir valores y, sobre todo, son la esencia de su paso por estos sitios donde se aprende jugando, compartiendo, siendo solidarios, queriendo y respetándose con el deseo de no desertar, pues en ese escenario deben enseñarles con paciencia y amor las bases fundamentales para ser buenos ciudadano, amigos y, sobre todo, despertarles el deseo de estudiar.

Ya es hora de que técnicos, tecnólogos y profesionales de la educación preescolar adquieran el estatus y la importancia de una profesión que el mismo Estado les negó ejercer con dignidad a quienes estudiaron y tienen el conocimiento para educar a niños en esta etapa crucial de la vida humana. Un hecho que irresponsablemente fue a parar a manos de personas sin bases científicas y metodológicas necesarias, con un  personal que desconocía cómo educar y cuidar a los infantes, y este desventurado ensayo está pasándole la cuenta a un sistema educativo que no dio la talla a las necesidades sociales de nuestra población infantil.

Así mismo, estos programas educativos se han constituido en el gran negocio de entidades educativas que compiten entre si para sacar pequeños sabios que prontamente se aburren en las aulas y pagan a sus educadores sueldos de miseria, con exigencias que no llenan sus expectativas profesionales y que se ven reflejadas en la calidad de la educación.

evitar Hay que evitar como sea  la deserción escolar