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ENTRE LA PERVERSIÓN Y EL ODIO. EN LA PROFUNDIDAD DE LA MENTIRA HAY ALGO PERVERSO.

PERVERSO

“En la profundidad de la mentira siempre hay algo perverso”: Elena Garro

 

María del Rosario Higuera Soto

Psicóloga –Clínica de lo Social.

Especial para Primicia 

www.primiciadiario.com

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La reacción de algunos detractores de la sociedad internacional y compatriotas venezolanos  frente a la muerte del presidente Hugo Rafael Chávez Frías, conlleva a reflexionar sobre la compleja realidad de los seres humanos, en la que se esconden los más oscuros sentimientos de perversidad y odio, que afloran en situaciones de emotividad, en las que el interior del alma, muestra las más mezquinas actitudes que habitan desde que el animal se hizo racional.

 

En sus expresiones llenas de odio y resentimiento, afloran personajes perversos, mentes enfermizas, que son capaces de alegrarse del dolor humano ante la muerte y que en el fondo muestran del porque no entienden de solidaridad,  unidad,  amor y  lo que significa compartir y crear comunidad.

 

Un perverso es aquel que actúa agresivamente frente al dolor ajeno, tiene un pensamiento obsesivo y de persecución, se muestra destructivo, se cree merecedor de toda gratificación a si sea a costa del dolor de otros y se mantiene en un constante tormento,  que cuando se da una situación  como la que ha sucedido con la muerte del presidente Chávez, surge ese ciudadano desmesurado, hostil y resentido, que se esconde en la mansedumbre y que saca la bestia solo  en la manada, por su cobardía.

 

Es igualmente un ser que disfruta del dolor que causa a otros y del sufrimiento que viven las personas de un evento trágico, que despierta en sus  mentes enfermizas e insanas, la alegría que lo caracteriza, regocijándose de sus agresiones  y actitudes mezquinas,  pues sobre todo tiene una personalidad conflictiva, que se alimenta de la incomodidad que causa a otros.

 

Es importante resaltar que este tipo de individuos,  parece normal a toda costa, e incluso se muestra como fervoroso creyente, pero en él, existe una amargura hacia la vida, en la que se siente merecedor de más, envidiando a otros, al considerar que él debería de ser el merecedor de ese beneficio, nunca está feliz en contraste con lo que profesa en su dogma y su mística ideológica o religiosa.

 

Este ser resentido, se aferra a los pensamientos y emociones malvadas, impúdicas y crueles en su arrebato y sentir demoledor,  que busca siempre causar heridas a aquellos  a quienes le tiene envidia y celos, siendo capaces de falsear situaciones especificas para echarle la culpa a otros de sus desgracias, sin reconocer que él ha sido el único gestor de sus adversidades y desventuras.

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  Un ser que disfruta del dolor que causa a otros y del sufrimiento que viven las personas de un evento trágico, que despierta en sus  mentes enfermizas e insanas, la alegría que lo caracteriza, regocijándose de sus agresiones  y actitudes mezquinas,  pues sobre todo tiene una personalidad conflictiva.

 

 

El odio los lleva a perder los estribos, a herir sin miramientos y a hablar indiscriminadamente de sus propios congéneres y lo hacen por el solo goce de llenar vacios y resentimientos, pues estos individuo tienen fantasías conscientes, con las que se obsesionan y por las que hacen hasta lo imposible para llevar a cabo, vengando sus propios problemas del pasado, que les causaron las heridas emocionales y que cuando cometen el acto de agresión verbal o simbólica, se sienten triunfantes y listos para volver a empezar con otra estocada desde su accionar oculto y velado.

 

Otra de las características de este tipo de personas, es la creatividad lógica que tienen al momento de falsear historias maquiavélicas para perjudicar a sus supuestos enemigos, siendo una situación que los va delatando, pues sus propias realidades enfermizas al final les pueden traicionar.

 

La estrategia del cobarde y el perverso, es destruir al otro de a poco, ya que esa situación  le lleva a ejercer en mayor medida el supuesto poder que lo reviste, buscando desestabilizar al adversario, para causarle irritación y de ello sacar ventaja y por ende el goce.

 

Por último, hay que reconocer que la perversidad y el odio, conducen a la transgresión de los límites entre los opuestos, es decir, entre la razón y  la locura, entre lo lícito y lo ilícito, entre lo humano y lo animal, donde el perverso busca el gozo de la insatisfacción y el malestar de sus vacios existenciales, de su propia cobardía, de su fracaso, que lo carcome, lo culpa y  lo señala,  ya que en esa transgresión y como contradicción, hay un  desacato en el que encuentra el placer de lo indebido ante su ausencia de amor incondicional.