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LOS CAMINOS DE LA HUMILDAD

papaHa roto con protocolos que viene de siglos y que son sinónimos de orgullo, riqueza y ostentación terrena

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Gerney Ríos González

Editor Internacional

Primicia

 

La Compañía de Jesús, fundada por Ignacio de Loyola (San) en Roma en 1539 se convirtió prontamente en una institución abanderada en la dirección de  centros educativos superiores de Europa. Integrada por personal masculino extendió sus influencias humanísticas en las misiones evangélicas, culturales, científicas y pedagógicas.

 

En la actualidad según censos, hay 19.126 jesuitas en el mundo, diseminados en 127 países, con 91 provincias y 10 asistencias. Es la mayor orden de la Iglesia Católica, de raíces vascas, pues San Ignacio de Loyola su fundador fue soldado en Azpeitia, Guipúzcoa, y herido en combate en Pamplona España, en 1521. Su muerte ocurrió en 1556. El lema de la Compañía de Jesús es “a la mayor Gloria de Dios” (AD MAIOREM DEI GLORIAM).

Los jesuitas han tenido a través de la historia un importante papel protagónico; jugaron un gran rol en el escenario de la Contrarreforma, hasta el punto que el artífice de ella, Martín Lutero, añadió que “fue la reacción de la Iglesia” a esta  iniciativa religiosa.

papaxxxHumildad imprimió a sus acciones espirituales el señor de la Iglesia Universal, contra ese derroche de riqueza que siempre a representado El Vaticano 

 

 

En los siglos XVII y XVIII se asentaron los jesuitas en América y en Paraguay estimularon la creación de comunidades indígenas guaraníes a las cuales instruyeron en las prácticas agrícolas.

La Compañía de Jesús ha tenido sus altibajos históricos por su condición progresista. Fue expulsada de Portugal en 1559 durante el oscuro período de la tenebrosa Inquisición;  de Francia fue proscrita en 1764 y lo mismo ocurrió en 1767  en España. El General Tomas Cipriano de Mosquera, quien  gobernó Colombia en cuatro ocasiones, decretó el destierro de los jesuitas y convirtió en cuarteles de su ejército los claustros del convento  El Carmen carrera 6 con calle 8.

Actualmente la mayor proporción de Jesuitas en su misión evangelizadora de la mano de la ciencia y la educación, se concentra en India y Estados Unidos.

Hasta que el Papa Francisco aclaró que había tomado este nombre para su pontificado en memoria, admiración y vocación por el “poverello” de Asís, se creyó en la comunidad católica que tal apelativo se refería  a San Francisco  Javier, vasco de origen, quién inició su periplo misionero en Japón, India y China allá por el siglo XVI siempre a favor de la evangelización en Jesucristo y entre comunidades pobres, elegidas por el dolor, las enfermedades y el hambre.

La comunidad jesuita fue suspendida por sus temerarias y progresistas acciones por el Papa Clemente XIV en 1773, pero en 1814, volvió a su ejercicio espiritual en el pontificado de Pío VII, actor de su reconocimiento.

La esperanza de los pobres, que en el mundo suman millones y millones se  centra en las palabras del papa Francisco, jesuita, quien ha dicho que le gusta una Iglesia pobre, para los pobres. Su pensamiento va de brazo con hechos reales.

papa franciscoHa roto con protocolos que viene de siglos y que son sinónimos de orgullo, riqueza y ostentación terrena.

 

Antes del Conclave que lo eligió durmió en un hotel; ya Papa fue a pagar la cuenta; en Buenos Aires como Cardenal viajaba en autobús o metro. Se preparaba así mismo la comida. Visitaba las barriadas de miseria. Protegía a los sin fortuna.

Se le critica  haber callado los excesos de las dictaduras militares argentinas. Esto puede ser tema de debate; pero el Papa Francisco, antes  Cardenal Jorge Mario Bergoglio, ha rectificado el camino.

“Posiblemente (en este asunto) hubo silencios que éticamente son muy cuestionables”,- dijo la máxima autoridad de los jesuitas en Colombia, el padre Francisco de Roux, quien es reconocido por su trabajo en pro de la paz que anhelamos.

En fin, que el Papa Francisco es el amigo de los pobres.

Parece ser que su sencillez lo ha llevado a rechazar el boato vaticano. Ha roto con protocolos que viene de siglos y que son sinónimos de orgullo, riqueza y ostentación terrena. Muy lejos desde luego, de la humildad que imprimió a sus acciones espirituales Jesucristo, Señor de la Iglesia Universal. Contra ese derroche de riqueza, se enfrenta el nuevo Pontífice y tiene respaldo.

Ya cambió el crucifijo de oro por el de bronce que lo acompañó como Cardenal. La silla pontificia, recamada de oro pasó a la historia. La cambió por una de madera. Hechos, no palabras por los caminos de la humildad que son los de verdadero servicio a los desposeídos.

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