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CENTRO DEL DELITO

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Los centros carcelarios se han convertido en centros del delito. Allí llegan algunos inocentes y salen «graduados» de delincuentes.

La situación carcelaria es tan grave como inhumana en Colombia. Supuestamente, se trata de unos centros que tienen como objetivo reformar al ciudadano que ha cometido un delito, para reintegrarse a la sociedad después de pagar la condena respectiva.

Sin embargo, llegan a la cárcel muchos humildes ciudadanos que, por no contar con recursos económicos, son los que cumplen condenas por mucho más tiempo del permitido al carecer de una adecuada defensa.

Los delincuentes que llegan a las cárceles lo hacen como si llegaran a sus casas, pues  allá cuentan con armas, dinero, drogas, mujeres y, en fin, todo lo prohibido, porque priman en esos lugares el poder y el miedo.

Muchos de los guardias trabajan en las cárceles al servicio de los delincuentes, y por ello tienen todo lo que requieren para seguir delinquiendo.

Desde las cárceles se  cometen  toda clase de delitos. Los delincuentes dirigen cómodamente bandas desde sus celdas. Otros, mediante la utilización de celulares, extorsionan a comerciantes e industriales.

Las autoridades han determinado «pasar» por alto estas y otras irregularidades, para seguir llenando las cárceles de acuerdo con las normas que se expiden  desde el Congreso de la República, donde han determinado seguir aumentando las penas creyendo que de esta manera se va a combatir el delito, pero los resultados son totalmente contrarios.

Colombia ha fracasado y seguirá fracasando en su política penitenciaria, por el equivocado manejo que se le ha dado a este asunto. La legislación se ejecuta  en beneficio de algunos intereses, mas no en la reeducación de los internos para evitar que sigan delinquiendo.

Mientras que existan internos de primera y segunda clase no se podrá hacer nada, según han indicado expertos académicos estudiosos del tema. Los poderosos ni siquiera son encerrados en una cárcel, sino en centros militares y de policía, donde los agentes del Gobierno se encuentran al servicio de los llamados delincuentes de «cuello blanco».

Los pocos que llegan a las cárceles, como los excongresistas y ex altos funcionarios siguen en pabellones adecuados, donde cuentan con todas las comodidades de un hotel de cinco estrellas.

Definitivamente Colombia sigue «graduando» delincuentes en los centros del delito, que no han podido con la rehabilitación de nadie.