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Colombia: DE EXPORTADOR A IMPORTADOR DE ALIMENTOS

exportaColombia desde su época pastoril, fue despensa de alimentos para la humanidad. Hoy por hoy mendiga importaciones para poder comer.

 

 

Gerney Ríos González

Primicia Diario

 

Colombia desde su época pastoril, fue despensa de alimentos para la humanidad. Hoy por hoy mendiga importaciones para poder comer. La violencia política del siglo XX, comenzó a generar el fenómeno social de la anti producción agrícola, con el desplazamiento masivo campesino, que desertificó el agro en impresionante proporción y atiborrar las ciudades capitales de gentes sin porvenir, sin estudio, sometidas a las inclemencias de las  urbes, sin corazón y sin entrañas.

Colombia era –y podría recuperar su preponderancia- por su biodiversidad agropecuaria, bañada por la mejor luminosidad del mundo, hecho científicamente comprobado e impreso en los mapas espaciales que manejan las grandes potencias económicas del planeta, convirtiendo nuestra virtud en una especie de secreto de estado global.

El «boleteo» se convertiría en una nefasta página de la historia nacional que viene acumulando millones de hectáreas otrora productivas, hoy en manos de grupos al margen de la ley y terratenientes que, aprovechando la confusión generada por la fuerza bruta, pescan en río revuelto para aumentar su patrimonio de tierras buenas para las cosechas.

Fuimos en el pasado inmediato, un país autosuficiente en producción de alimentos y carnes. Las erradas políticas estatales mantienen en status quo un sistema de estira y encoge en materias de abastecimientos y precios, donde los intermediarios fijan los patrones de oferta y demanda con la complacencia casi cómplice de los gobiernos de turno. Se sabe de 30 millones de hectáreas para siembras de alimentos, cosechas que bastarían para nutrir la población colombiana con creces, sobrando excedentes para la exportación a países, que necesitan de nuestros productos.

Colombia, con una amplia gama de diversos cultivos, tubérculos, plátano, arroz, carnes, yuca, papa, maíz, frutas de todas las especies tropicales, saludables y medicinales: guanabana curativa del cáncer, peras que combaten la prostatitis, lulo y maracuyá, contra la tensión arterial alta y mango contra afecciones cardiacas, en fin, el arsenal de alimentos que otro país ambicionaba tener.

En esta feria de maravillas que somos, nuestros campos producen la granadilla que sube defensas y ayuda al crecimiento, pediátrica por excelencia. La guayaba pletórica de nutrientes, vitaminas, proteínas y minerales; la breva elixir femenino, la pera equivalente para el género masculino; la mandarina la ecológica contra el smog de las ciudades, la manzana, al homo sapiens sapiens sana, el marañón nutriente del   cerebro, la sandía o patilla purificadora del riñón, la piña desparasitadora, estimula la digestión y la actividad del intestino delgado, diurética y desintoxicante; la naranja reforzadora de defensas naturales, el coco potencializador del cerebro, la curuba, antiestrés; la guanábana reguladora de la temperatura abdominal, la uchuva controladora de diabetes y el zapote para frenar la leucemia. La lista es casi interminable y no existe fruta tricolor que no sea aplicable para mejorar la salud de los seres vivos.

Pero el abandono del campo por familias labriegas ha mermado la producción y las ciudades, aun no desabastecidas, pero si encarecidas en el exorbitante precio de la canasta familiar.

Se recuerda la pírrica salida de un presidente de Colombia, de Dosquebradas, Risaralda, para quien los sectores primarios de la agricultura y la ganadería «no eran viables» y por decreto ordenó la apertura al «capitalismo salvaje», metiendo al país en el apretado cinturón de la apertura económica que llevó a la quiebra a miles de industrias que no pudieron competir con los mercados del mundo asiático, ni menos con la mercancía de la Unión Europea, Estados Unidos y Canadá. Se le recuerda también al activo político que nos gobernó, ordenando el apretón de cinturones con la famosa apertura financiera, que fue él quien de un solo «plumón», por disposición del ejecutivo decretó la muerte y saqueo de los ferrocarriles nacionales.

Hoy los organismos internacionales fijan sus ojos esperanzados en Colombia, como despensa de alimentos; que puede volver a serlo. Según cifras, la producción de suministros debe crecer desde ahora un 60 por ciento, si se pretende dar de comer a ¡Nueve mil millones de habitantes! que tendrá el planeta tierra en 2050. No son pocos los desafíos que afrontan los gobiernos del orbe para cubrir tan gigantesca  meta.

Una persona ingiere tres comidas diarias tradicionales. El mundo ha modificado sus métodos de alimentación, es cierto, pero no es menos verdad que las muchedumbres sin empleo, con numerosa prole, aguantan hambre todos los días. Hoy existen 795 millones de personas subalimentadas. Mientras un tercio de la comida que produce el planeta ¡Se bota a la basura!

leguColombia era –y podría recuperar su preponderancia- por su biodiversidad agropecuaria, bañada por la mejor luminosidad del mundo.