Fueron osados colonos antioqueños quienes desbrozaron el tupido monte y construir con machetes las trochas y caminos de herradura para explorar las tierras del mitológico occidente colombiano.Luego vino la maquinaria con los ingenieros militares.
Antonio Valencia Salazar
Especial
Primicia Diario
En el principio fue la manigua, la misteriosa e impenetrable selva, con sus fieras peligrosas, el miasma productor de enfermedades tropicales causantes de bajas mortales entre los habitantes indígenas y negros del occidente colombiano. Miseria y estrechez fueron determinantes naturales en el Chocó y su costa pacífica; aun hoy, luego de tantas centurias de trabajos y penalidades, el panorama social ha cambiado muy poco.
Obras e infraestructura
Fueron osados colonos antioqueños quienes desbrozaron el tupido monte y construir con machetes las trochas y caminos de herradura para explorar las tierras del mitológico occidente colombiano. Así fue tomando forma el actual Departamento del Chocó, aliviando en poco las penurias de la población negra, descendiente de esclavos que trabajaron la tierra, traídos de Senegambia, occidente africano, para ser vendidos a españoles y europeos, dueños de extensas haciendas y cultivos.
Precisamente se conoció un asomo de «carretera» entre un hirsuto caserío, Santa Cecilia y una incipiente población, Tadó, en territorio chocoano, vía afectada por derrumbes, lodazales y peor aún, la presencia de grupos al margen de la ley que hacían imposible la vida y el desarrollo de la región, tanto en Antioquia y las nuevas tierras occidentales de Colombia. Tal era el sombrío panorama social en los años 78 a 80 del siglo XX. La insurgencia dominaba la situación y ocupaba la trocha, afectando el rudo trabajo de blancos del interior y afros de la zona del Chocó, dedicados día a día al barequeo en el río San Juan extrayendo granos de oro para su subsistencia.
Ingeniería Armónica
Fue entonces que el Comando del Ejército colombiano, ideó la forma de «desembotellar» el Chocó, preparando la región para su incorporación a la nación, con producción, comercio y tránsito de gentes. Gestionó entonces con caminos vecinales de la época la construcción de una vía desde Santa Cecilia a Tadó con entrada a ese departamento por Risaralda.
Para la época era Capitán del Ejército, orgánico en el Batallón de Ingenieros «Cisneros» de Armenia, el hoy general de la reserva activa Rafael Horacio Ruíz Navarro, quien fue comisionado para comandar la compañía encargada de la obra. Construyeron los soldados ingenieros el campamento de Santa Cecilia, epicentro de la actividad humana en el «barequeo» de agua, lodo y piedras en busca del preciado metal. Se iniciaron trabajos partiendo de Pereira, La Virginia, Pueblo Rico, a orillas del Río San Juan. El campamento militar se convirtió pronto en referente social de la población que acudía allí en busca de ayuda, seguridad, comida y protección contra los grupos armados que infestaban la extensa zona selvática. La base se situó dos kilómetros adelante de Santa Cecilia.
Aumentó el comercio, el trueque de los “castellanos” de oro por comida, herramientas de trabajo, enseres domésticos, ropa y vituallas de diverso tipo. Aun el trueque era común en la persona del cura de Santa Cecilia y los «paisas» que llegados de Antioquia inundaron la región de un activo comercio de «cambalache».
Para el General Ruiz Navarro, la ingeniería militar es la ejecución de la ingeniería civil. La zona era inhóspita: agua y lodo; necesario evacuar primero estos elementos. La comisión de topografía iba adelante tres kilómetros del trazado de la vía, ubicando las alcantarillas y construirlas. Se trabajaba con equipos idóneos, motosierras para tumbar arboles madereros; la selva retrocedía ante el empuje de los soldados – recuerda el ingeniero Rafael Horacio Ruiz Navarro; también que a las explosiones de la dinamita para extraer material, se desataban formidables aguaceros de varias horas. Empalizaban la carretera, le «metían» un pequeño buldócer D5 para rellenar y recebar donde antes había lodo y aguas.
El batallón fue integrado por 120 soldados, 2 oficiales, 18 suboficiales en su mayoría operarios de maquinaria pesada. En los últimos seis meses de trabajo, el proyecto militar tocó a su fin por déficit de oficiales y presupuesto. Al general Ruiz Navarro le enviaron cuatro sargentos mayores para reforzar el personal de ingenieros, entre los cuales recuerda a «Guarapo Hernández», «Cocorico Gallón» otro que era «lancero» y paracaidista, el sargento Rayo. La carretera a Tadó–Chocó avanzó hasta «Peñas del Olvido» algo más de la mitad, unos 40 kilómetros de excelente vía para tránsito de vehículos y habitantes, desde el puesto de comando.
Las obras militares en esta área matizadas de recuerdos y anécdotas-, apunta el general Ruiz Navarro. Rememora cómo indígenas y negros de estos asentamientos permanecían días enteros, con el agua del río San Juan a la cintura, «barequeando» en busca de oro que luego era objeto de trueque por alimentos y ropas necesarias a la vida. Negros e indígenas, mujeres y hombres, se las ingeniaban contra los dolores de la artritis, contraída por sus largas estadas en las aguas del San Juan: A una botella de aguardiente del Chocó le introducían marihuana; luego se friccionaban piernas y caderas con el prodigioso liquido medicinal y controlaban por horas y días sus dolencias-, cuenta el ingeniero Ruiz Navarro. La carretera Santa Cecilia – Tadó fue terminada por la firma de Ingenieros Pervel, antioqueña, que la entregó en servicio nacional-, unos 120 kilómetros. El costo lo asumió el Estado.
Dos años y medio trabajó la compañía de ingenieros del batallón Cisneros, rehabilitando socialmente una zona de selva en Santa Cecilia, en el actual Departamento de Risaralda, comenta el general Rafael Horacio Ruiz Navarro, quien en sus 42 años de carrera militar prestó variados y valiosos servicios a Colombia, siempre promoviendo los derechos humanos, el derecho a la igualdad y el respeto por el medio ambiente, lo cual le significó un reconocimiento de la Unión Europea.
Para el General Ruiz Navarro, la ingeniería militar es la ejecución de la ingeniería civil. La zona era inhóspita: agua y lodo; necesario evacuar primero estos elementos.

Las obras militares en esta área matizadas de recuerdos y anécdotas-, apunta el general Ruiz Navarro. Rememora cómo indígenas y negros de estos asentamientos permanecían días enteros, con el agua del río San Juan a la cintura, «barequeando» en busca de oro que luego era objeto de trueque por alimentos y ropas necesarias a la vida.
Los que vivimos la catastrofe de ARMERO TOLIMA, viviremos todas nuestras vidas altamente agradecidos con el entones mayor-ingeniero RAFAEL HORACIO RUIZ NAVARRO, tolimense honesto, inteligente, promotor de los derechos humanos, quien ha sido perseguido pór los corruptos , quienes han pagado lo que sea por poner en juicio su trabajo en beneficio de Colombia y principalmente de las gentes necesitadas. DIOS bendiga al GENERAL RUIZ NAVARRO.
Hombre insigne, promotor del desarrollo durante su carrera militar, Siempre ha sido ejemplo de mostrar, creando malestar en los envidiosos que han querido manchar su obra. Interesantes crónicas de su obra. debemos darlas a conocer y replicarlas, el ejemplo la mejor manera y
el General Rafael Horacio Ruiz Navarro nos da muchos ejemplos de amor a la patria con sus obras tanto ingenieriles como desde la milicia.
esfuerzo titánico y ejemplar del general RAFAEL HORACIO RUIZ NAVARRO, lo recordamos por su labor como alcalde de Armero, luego de la catastrofe. Los inmorales siempre lo han querido poner en la picota pública. Excelente semblanza del periodista y poeta ANTOVAL.
Quienes compartimos con él los retos de mitigar las necesidades llevando con los Ingenieros Militares, soluciones a poblaciones marginadas, nos enorgullece haber sido útiles promoviendo el bien común, las realizaciones del Señor General Ruiz Navarro merecen un permanente reconocimiento a sus obras, altruismo, actitud de servicio y don de gentes.