LA GUERRA SUCIA
En Colombia cuando no se derrota al enemigo con argumentos se procede a las amenazas, y sus promotores se escudan en organizaciones, que, entre más macabras, más temor ocasionan; y, por ende, proceden contra personas que no piensen igual que ellos. Eso viene sucediendo en Colombia desde hace muchos años. Hoy, las autodenominadas «Águilas Negras» quieren perpetuar, y aspiran a provocar pánico en los diversos sectores de la sociedad al anunciar que habrá «ríos de sangre» a lo largo y ancho del país.
Esa organización criminal, que, de acuerdo con las investigaciones, es el renacimiento de las fuerzas oscuras del paramilitarismo, que ocasionaron millones de víctimas en contubernio con varias instituciones del Estado, se prepara, según anuncian sus promotores, para volver a hacer presencia a sangre y fuego en distintas regiones.
Colombia, que está anhelando la paz, y por ello se negocia en La Habana un proceso que permita que la guerrilla de las FARC se reintegre a la sociedad, a través de unos acuerdos para que puedan participar en la política en busca de las soluciones que requiere el país, debe detener esas orgías. Ellas vienen, sin duda, de mentes desquiciadas y sediendas de sangre.
Los enemigos de la paz buscan alarmar y lanzar gritos de guerra para convencer a unos cuantos incautos de que el camino por seguir es el de la guerra. En un proceso de paz, para que se llegue al objetivo, deben las partes ceder en diversos aspectos, en caso contrario nunca se pondrían de acuerdo. Los enemigos de la paz no buscan un proceso, sino una guerra sin cuartel que permita derrotar a la subversión, para que la guerrilla entregue las armas y sus militantes vayan a la cárcel a pagar largas condenas.
Es triste saber que altos funcionarios del Estado, como comandantes de la ultraderecha colombiana, vivan lanzando desesperados chillidos de guerra. Lo único que les falta, si es que no lo han hecho ya, es ser partícipes de las «célebres» organizaciones como las autodenominadas «Águilas Negras».
La guerra sucia está en pleno apogeo en Colombia, donde seguramente se cometerán homicidios contra defensores de los derechos humanos, o contra dirigentes sociales que también reclaman la paz para el país, azotado por mucho tiempo por la violencia fratricida.
El Gobierno, que ha dado pasos importantes por la paz en Colombia, como la suspensión de los bombardeos en las regiones campesinas, ahora debe realizar una acción directa contra las organizaciones que amenazan y que han cometido innumerables crímenes, y siguen campantes y autodenominándose «organizaciones de limpieza social», como lema de apoyo.
