Municipio de Los Santos en Santander epicentro del movimiento sísmico.
Nido Sísmico mantiene su actividad. Experto dice que no ofrece peligro catastrófico
Jairo Cala Otero
Bucaramanga
Primicia Diario
Los bumangueses de la nueva generación recordarán por siempre la hora de las 3:55 de la tarde de este 10 de marzo de 2015, cuando un sismo de 6.6 grados en la escala de Richter estremeció los cimientos de edificaciones, y llenó de pánico a los más de un millón de habitantes de Bucaramanga.
Y los de dos generaciones anteriores también recordarán esa hora y fecha, pero con un añadido: el poder comparar en el recuerdo la dimensión de un movimiento telúrico muy fuerte que sacudió el suelo de la capital santandereana el 29 de julio de 1967, que, literalmente, despertó a toda la población. Eran las 5:25 de la mañana. Aquella vez mucha gente salió a las calles en prendas interiores; y no faltaron quienes olvidaron que se las habían quitado, sin duda para menesteres copulativos, o para ducharse, y brincaron a las vías como Dios los envió al mundo. Segundos después de su atrevimiento inconsciente se darían cuenta que estaban ¡como Adán y Eva en el paraído terrenal!
Esa vez una de las cúpulas de la Catedral de la Sagrada Familia se vino a tierra, aunque no ocasionó daño alguno en personas. A esa hora (5:25 a. m.) la zona estaba totalmente despejada de feligreses. Varios meses después esa parte de la edificación de culto católico fue restaurada, y así permanece hasta hoy; en su centro aparecen las figuras en yeso de José, María y el Niño Jesús. De ahí su nombre: la Sagrada Familia.
Hacía, entonces, 47 años y 9 meses que la capital de Santander, ubicada al oriente de Colombia y asentada en un nido sísmico de gran actividad durante todo el año, no era estremecida por un movimiento de grandes porporciones en su subsuelo. Las capas tectónicas debieron de sacudirse con mucha más furia esta vez, a varios kilómetros de profundidad, porque al pánico que se apoderó de miles de ciudadanos, se sumaron las averías, unas notorias, otras de menor proporción, en edificaciones de gran altura; y la rotura de ventanales, sin consecuencias sobre seres humanos.
El movimiento de este 10 de marzo tuvo dos tiempos: uno en que parecía ser uno de los tantos temblores que, regularmente, suceden en Bucaramanga y sus alrededores, originados en el municipio de Los Santos, ubicado a 7 kilómetros de Bucaramanga, donde se concentra el fuerte de la zona sismológica, afamada entre geólogos y afines. Ese primer sacudón no afanó tanto a los bumangueses. Pero después de seis segundos, vino un segundo estremecimiento de la tierra, más fuerte y con una variación en intensidad. Este fue, al decir de los expertos, el que más miedo produjo entre la gente, y el que generó las fisuras que hoy muestran muchos ciudadanos en las paredes de sus casas, hacia donde apuntan con los dedos para hacer notar los rastros que dejó el sismo.
Los jóvenes, que poco fervorosos se los ve a la hora de las expresiones de fe, hincaron rodillas al suelo y elevaron sus ojos al Cielo en rogativa de clemencia del Todopoderoso.
Gente que se atropelló
Por las escaleras de los edificios corrieron tropeles de gente, en una peligrosa apuesta por ganar la calle. Algunas se atropellaban, y no faltaron en ese frenesí, cargado de pavor, quienes chocaron entre sí y rodaron por los escalones, aunque sin mayores consecuencias. «Parecía el juicio final, la gente gritaba llena de espanto; sobre todo, los muchachos, que nunca habían vivido un temblor tan fuerte como el de hoy», dijo a Primicia un residente del Conjunto Marsella Real, ubicado en la Ciudadela Real de Minas, la zona más densamente poblada de Bucaramanga.
Los jóvenes, que poco fervorosos se los ve a la hora de las expresiones de fe, hincaron rodillas al suelo y elevaron sus ojos al Cielo en rogativa de clemencia del Todopoderoso. Y entre los adultos, algunos permanecieron en las vías públicas hasta treinta minutos después de haber cesado el estremecedor movimiento de tierra, por el temor de que se produjese alguna réplica. Aunque, finalmente, entrada la noche, esta no se produjo.
Las experiencias registradas indican que en Bucaramanga suceden temblores con promedio de 4.7 grados en la escala de Richter, y su profundidad oscila entre 160 y 180 kilómetros. «Eso hace que la cantidad de energía sísmica que alcanza a llegar a la superficie terrestre sea demasiado débil.
El Nido Sísmico de Bucaramanga
El llamado Nido Sísmico de Bucaramanga es una fuente de alta y frecuente producción de temblores. Y aunque constantemente hay fenómenos telúricos, según el registro sismológico de la Universidad Industrial de Santander, ellos no tienen grandes proporciones; sirven, más bien, para liberar enegía del subsuelo, lo cual, al decir de los geólogos, elimina la probabilidad de que se pueda producir un terremoto. Esa razón científica explica que a pesar de la gran actividad sísmica de la capital santandereana, no haya sucedido hasta hoy un movimiento de grandes proporciones con consecuencias nefastas, tanto entre la gente como entre las edificaciones.
Las experiencias registradas indican que en Bucaramanga suceden temblores con promedio de 4.7 grados en la escala de Richter, y su profundidad oscila entre 160 y 180 kilómetros. «Eso hace que la cantidad de energía sísmica que alcanza a llegar a la superficie terrestre sea demasiado débil. La mayor parte de ella se disipa por causa de los procesos físicos que se experimentan en las discontinuidades que existen en el interior de la Tierra, por un lado; y por los efectos puramente geométricos, por otro lado», explica un estudio que sobre sismicidad histórica en la región de Bucaramanga adelantó Elkin de Jesús Salcedo.
Añade el experto que de ello se puede «asegurar que de preservarse el ‘clima sísmico’ que actualmente rige para el Nido de Bucaramanga, la ciudad y las poblaciones vecinas difícilmente podrán ser afectadas trágicamente por un sismo que se genere en esta fuente sismogénica».
Al entrar la noche de este 10 de marzo, cuando el grueso de los bumangueses regresó a sus casas tras la jornada laborl y de estudio, ya sin el pavor de la tarde, la única pregunta que se hacía a quienes no habian estado cerca era: «Cómo le fue con el temblor?».
«Varios meses después esa parte de la edificación de culto católico fue restaurada..»
En realidad, fue varios años después, en la década de los 70.