¿Será que una vez esto haya pasado, si es que pasa, la sociedad habrá aprendido algo y tendremos un nuevo devenir, o seguiremos igual o peor; o la COVID-19 se convierte en una pandemia endémica?
José Douglas Lasso Duque
Archivista y Documentalista
«Lo más temible es la muerte porque es el fin», frase expresada por uno de los más importantes filósofos de la antigua Grecia, Aristóteles, que lleva a replantear acerca de la fragilidad del ser, especialmente por lo que la humanidad está viviendo en carne propia con la COVID-19.
Lo que se viene percibiendo, ha puesto en evidencia que todo está cambiando y que deben encontrarse nuevos caminos de acercamiento en los que haya, sobre todo, una mayor justicia social con equidad entre los pueblos, porque específicamente esta pandemia ha puesto en evidencia que hay muchísima gente aguantando necesidades y ha develado esa realidad que no es nueva pero que se había ocultado y maquillado de tal manera; el hambre y el abandono de las gentes que mueren diariamente en todo el mundo, que ha sido invisible ante los gobiernos que lo han ocultado, humanos, de carne y hueso que están allí, desatendidos ante la mirada indiferente de una sociedad indolente, que ha hecho alarde de tenerlo todo, de haber «erradicado» la pobreza, pero que ante esta crisis, aparece hasta en los llamados países desarrollados, esto era lo que nos vendían en sus películas, su imagen de poder y opulencia donde la escasez y la miseria no existían sino sólo en los países mal llamados del «tercer mundo».
Ahora todas las sociedades están llenas de miedo y con justa razón, porque este virus ha demostrado y puesto en evidencia que los seres humanos somos frágiles frente a algo que diezma y no lo pueden controlar; es desconocido y mata tanto al rico como al pobre sin discriminación alguna.
No obstante y frente a todo este cuadro de tensión y crisis universal, no faltan los prepotentes gobernantes siniestros que muestran la ridícula postura de superioridad frente al panorama que se vive, gritando a todo viento y marea que lo que pasa no es nada, retando hasta la misma muerte haciendo un llamado para que con su guadaña y su dantesco traje se lleve especialmente a los pobres, que son los que en últimas sufren en las crisis porque en su ignorancia y fe en aquel que los dirige se exponen y parecen abandonados a su suerte.
Las entidades de la salud, especialmente las EPS e IPS, olvidan las responsabilidades que tienen y frente al gasto y desembolso que les corresponde cuando la enfermedad apremia, dejan de lado las obligaciones adquiridas, no solo con sus empleados sino con los pacientes, abandonandolos a su suerte, no dando los medicamentos ni a los empleados los instrumentos de protección para evitar el contagio, es decir, no atienden las necesidades y obligaciones que se tienen, buscando a toda costa hacer economías porque en río revuelto todo es viable para sacar provecho.
Pero todo este panorama es avalado por el hilo conductor de la corrupción, complicidad y desatención de sus gobernantes, que se ha afincado a nivel universal y se ha enquistado en el mismo corazón de las presidencias, que han sido abordados por personajes inescrupulosos y sin ética, que cuando están en el poder se creen dueños y amos de los bienes que a la sociedad le corresponde y que tiene la obligación de utilizarse cuando aparecen crisis y conflictos como el que hoy se vive.
Con todo este panorama de intranquilidad y ante lo que no se sabe hacia dónde nos llevará esta incertidumbre, y mientras unos sufren con el dolor de perder a los suyos y no saber qué hacer en su miseria y hambre, otros aprovechan para robar el erario público y los bancos acaparan bienes y se apoderan de cuánto pueden para aumentar sus finanzas, así mismo las multinacionales abren cuentas disque para ayudar a los pobres y sacan provecho vendiendo mercados y rasgándose las vestiduras a sabiendas de que con cada venta ganan dinero a costillas del hambre.
Pero la pregunta es; ¿Será que una vez esto haya pasado, si es que pasa, la sociedad habrá aprendido algo y tendremos un nuevo devenir, o seguiremos igual o peor; o la COVID-19 se convierte en una pandemia endémica?, estos interrogantes nos ponen ante unos paradigmas que aún no sabemos a dónde conducirán, por lo pronto, lo que se está viendo es que la humanidad no ha aprendido nada, hoy, en los países que ya han permitido que las personas salgan a la calle, muestran gentes abarrotadas y sin guardar distancias y sin protección entrando a tiendas y almacenes brindando un panorama desalentador donde no han asimilado la gravedad de la situación, por ello, es necesario hacer que las personas sean conscientes de esta nueva realidad para poder confrontar y discernir sobre el acontecer cotidiano y sobre las situaciones difíciles que la humanidad vive, pues seguramente esto será la única manera de re-establecer un nuevo orden, sobre todo con más justicia y equilibrio social.
Ahora todas las sociedades están llenas de miedo y con justa razón, porque este virus ha demostrado y puesto en evidencia que los seres humanos somos frágiles frente a algo que diezma y no lo pueden controlar; es desconocido y mata tanto al rico como al pobre sin discriminación alguna.