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La Guajira: TERRITORIO DE LA MIGRACIÓN SIRIO-LIBANESA

La Guajira: Una rica región que vive en la miseria, como consecuencia de los corruptos.

 

 

 

 

 

Juan Celedón Gutiérrez

La Guajira

Primicia Diario

 

 

Julio Cesar Turbay Ayala comenzó a tener influencia nacional en el año de 1957, cuando los militares lo impusieron como Ministro de Minas, en la Junta Militar; en el gobierno de Alberto Lleras Camargo, fue nombrado Canciller.

La burocracia nacional estaba en manos de Turbay, él hacía nombrar ministros, gobernadores, directores de institutos, policías, guardas, porteros, y hasta barrenderos. Su proyecto político tomaba forma, pero le faltaba el  poder del congreso; entonces hizo de tres departamentos de la costa Caribe: Bolívar, Atlántico y Magdalena, siete departamentos. El dpto. de Bolívar se convirtió en: Córdoba, Sucre y Bolívar; El Magdalena en: Cesar, Guajira y Magdalena. El Atlántico era pequeño, era suficiente Barranquilla para sus fines, allí tenía dos familias descendientes de sirio-libaneses que se encargarían de proteger los intereses del «Hermano Gulito». Con el poder de Turbay, les entregó la propiedad política de los siete departamentos. Ya el plan Turbay, era una realidad.

Estos siete departamentos le aseguraban treinta congresistas que eran una base importante para el zarpazo final: La Presidencia de la República de Colombia.

En todos estos departamentos de la costa Caribe y otros del interior del país, fortaleció política y económicamente a los migrantes sirio-libaneses. Los obligó a que abandonaran sus negocios y profesiones y se dedicaran a la política. Así nace el departamento de la Guajira, tarea encomendada a José Ignacio Vives Echavarría. Y la hizo.

Dividieron a la Guajira y Cesar a su antojo, sin tener consideraciones de orden cultural ni los lazos establecidos por algunos municipios del sur de la Guajira con el Cesar, sobre todo Codazzi y Valledupar. En Villanueva (Guajira) se sembraban 10.000 hectáreas de algodón, tenía cuatro bancos, un aeropuerto donde operaba una empresa aérea llamada Taxader que cubría la ruta: Bucaramanga, Codazzi, Villanueva, San Juan, Valledupar, Barranquilla. Villanueva, tenía 8.000 habitantes.

El Gobernador nombró como secretario de hacienda a un personaje que le decían «El mono Virgüez», quien manejaba la chequera oficial como si fuera la propia. Hay una anécdota de este personaje que ilustra su perfil: Le giró un cheque a algún contratista y este salió presuroso a cambiar su cheque, ¡Oh sorpresa! El cheque no tenía fondos. Con carga de tigre, buscó a Virgüez para reclamarle lo ocurrido. «Oye este cheque no tiene fondos, el banco no me lo pagó». A lo que el ilustre secretario de hacienda le contestó: «Si no te lo paga el banco que tiene con que, como quieres que te lo pague yo». En otra ocasión compró un Mercedes Benz, venezolano, en este lujoso automóvil se desplazaba la comitiva gubernamental. Terminó empeñado en una casa de lenocinio, en la ciudad de Barranquilla. Así nació el departamento de la Guajira.

La ruta del contrabando era de la siguiente manera: Islas del Caribe, Maicao, Villanueva, Valledupar, Mompox, Magangué, de estas dos últimas tomaban rumbo, una por el río Magdalena hacia el interior del país y la otra hacia las fértiles tierras de Bolívar, Córdoba y sucre, donde los sirio-libaneses manejaban el negocio, luego se hicieron a las tierras del Sinú, consideradas entre las mejores del mundo. El plan Turbay caminaba.

La política de entonces para los lugareños era una actividad marginal, algunos se elegían y salían arruinados de ella. Solo les importaba ayudar en lo posible y que su partido saliera triunfador.

En la década de los años 70 llega a la Guajira la «bonanza marimbera», de la que nos quedó como recuerdo muchas viudas y zapatos Marlon Brasileros, decía Carchi Henríquez.

Pocos se beneficiaron en lo económico de esta enorme tragedia, que en principio «acabó» con la Guajira, luego con Colombia; pero algunos lograron invertir sus «nuevas fortunas» en Barranquilla, Santa Marta y algo en Riohacha. Un descendiente de libaneses dominaba la política de la Guajira. Como quería Turbay.

Al estado colombiano no le importó la tragedia que vivía la Guajira, nunca se hizo presente. Un «marimbero» tenía la necesidad de salir con su caravana de camiones cargados de marihuana por el frente de un batallón, previo acuerdo económico, comenzó el desfile. El guardia de turno le gritó al teniente: «Mi teniente eso que va ahí es marihuana» y el teniente le contesto: «y a usted quien le está preguntando». Las caravanas de camiones cargados de algodón fueron reemplazadas por caravanas de camiones cargados de marihuana con destino EE.UU. Y nadie hizo nada.

Desde el punto de vista político el gobierno de César Gaviria ha sido el mejor para la Guajira, en toda su historia, veamos: Nombró un ministro de obras públicas, y que ministro, pavimento todas las carretas nacionales del departamento y le dio trabajo a los ingenieros guajiros;  cuatro Viceministros, solo mejoraron sus hojas de vida; nombró al jefe del partido rojo Gobernador de la Guajira, este aceptó con la condición que le asignara los recurso para la construcción del acueducto de Riohacha. Decía que una capital de un departamento debía tener un acueducto eficiente, como debe ser. Le giraron $ 14.500.000.000 (léase bien: catorce mil quinientos millones de pesos. Año 1991); llegó la Asamblea Nacional Constituyente y revocó congresistas elegidos y gobernadores nombrados y le tocó la tarea al primer gobernador elegido por el voto popular sacar adelante esta obra. Hoy, 25 años después, Riohacha, aquella que Simón Bolívar dijo: «Estoy dispuesto a cualquier sacrificio para salvar a Riohacha». No tiene acueducto eficiente.

Paralelo a estos acontecimientos, llega a la Guajira la penúltima gran «bonanza»: Las regalías del carbón del Cerrejón.  Y una nueva clase política que se desprende de la anterior, como corresponde al talante de nuestros políticos. Ahí sí llegó el estado colombiano a repartir las oportunidades que se habían creado para desarrollar el proyecto minero más importante de la historia de Colombia; de un tajo eliminaron cualquier esperanza para un pueblo que se sentía con derecho a participar. Una que otra excepción, lo demás fueron migajas.

Condenaron a la Guajira a la pobreza, solo oportunidades para los obreros, en su mayoría guajiros, que día a día, durante años, son los encargados de extraer el mineral y ponerlo en el puerto para su exportación. Podría pensarse que de allí saldría una clase empresarial, de Guajiros, para ayudar a desarrollar al departamento y a Colombia. Todo se redujo a unas elites de Barranquilla, Cartagena y de algunas regiones del interior del país. Todo se monopolizó, como corresponde a un país carcomido por la corrupción. Y nadie hizo nada.

La dirigencia política de la Guajira de entonces, que es la misma de ahora y de siempre, solo se preocupó por las regalías. En un municipio de la Guajira en menos de dos años pasó de 7.000 electores a más de 20.000 electores, no porque llegaron de otras partes, si por el éxodo que uno de estos candidatos logró transportar en un día. Inscribió más de 10.000 votos (no personas). Y ganó. Estaba en juego el manejo de más de 50.000 millones de pesos (año 1991) que recibiría dicho municipio.

Los menos acuciosos investigadores hablan de 5 billones de pesos en regalías ha recibido el departamento de la guajira, otros hablan de 8 billones. Despilfarro total.

Un presidente de la empresa que manejaba el proyecto, viendo el estado deplorable en que se encontraban todos los municipios de la Guajira, sugirió la idea de que la empresa entrara a hacer parte del manejo de estos recursos, para planificar y ejecutar las obras necesarias. Lo iban a declarar persona non grata. Casi lo linchan. Y nadie hizo nada.

El proyecto ranchería comenzó a un costo de 180 mil millones de pesos y lleva invertidos 700 mil millones de pesos y falta una cifra parecida para terminarlo. Y nadie dice nada.

La presencia de los grupos guerrilleros y paramilitares fue un turbión que terminó con lo que quedaba.

La Guajira hoy se debate en un estado de pobreza muy parecido a la miseria, no pretendo magnificar el tamaño de nuestra desgracia. Quiera Dios que el nuevo fiscal general de la república de Colombia se dé una pasadita por los anaqueles que guardan las denuncias allí depositadas, de pronto encuentra una respuesta a tanto despropósito, a tanta corrupción, a las causas que propician esta tragedia. Como no sentir vergüenza al ver a la señora ex gobernadora buscando recursos por valor de $ 90 mil millones de pesos para cancelar una parte de la deuda por valor de 90 millones de dólares, que el departamento contrajo para hacer acueductos. Es necesario aclarar que no fue la ex gobernadora quien hizo el préstamo, ni quien los ejecutó. Y me pregunto: ¿Dónde están los acueductos? Y nadie hace nada.

En medio de estas consideraciones, que son producto de experiencias vividas y otras conocidas públicamente, como quieren señores del Estado Colombiano que tengamos un departamento diferente. No solo se mueren de hambre los niños indígenas, los arijunas también se están muriendo de hambre y miseria. Como dice la canción: «Entonces cual es la vaina, que es lo que pasa con nuestro pueblo».

El pueblo de la Guajira tiene que hacer algo y para hacerlo tiene que organizarse y proponer. No podemos seguir siendo tornillos de esa máquina política que funciona por voluntad ajena y excluyente. ¿O es que somos una sociedad de mediocres? ¿Y si esa es nuestra vocación, de que nos quejamos?

Hay que cruzar las fronteras de nuestras propias diferencias. «No olviden que la historia se repite: Bien en forma de tragedia, bien en forma de comedia». Las nuevas generaciones descendientes de sirio-libaneses ya llegaron a la Guajira. Aquel que «empujaba el sol para que amaneciera más temprano» No volvió a empujarlo.Julio César Turbay fue el autor de dividir La Guajira para consolidar en la región  el poder siro-libanés.