Médicos, personal de clínicas y hospitales son pacientes en su labor, con o sin elementos de bioseguridad, que exponen su vida y mueren por cuidarnos.
Pedro Fuquen
La pandemia ha creado escuderos naturales, que trabajan por la salud de las personas, pero que no reconocemos, no sentimos la necesidad de dar las gracias, y nos sirven de muchas maneras. En esta etapa, única en este siglo, que por muchos años nos va a marcar, encontramos a nuestro paso, héroes que nadie reconoce, ni valora. ¿Qué haríamos sin ellos?
Hemos pensado, solo en nuestras angustias, por el trabajo, por la familia, por el futuro, pero quién ha pensado en los trabajos duros, de vergüenza y de riesgo.
El Papa Francisco, en su homilía reciente, dijo que es un deber orar y pensar en grupos de salud que atienden a los enfermos, que sufren a medida de las limitaciones y la impotencia, de conservar la vida de las personas.
Médicos, personal de clínicas y hospitales son pacientes en su labor, con o sin elementos de bioseguridad, que exponen su vida y mueren por cuidarnos, no solo a los que atienden y a los que estamos afuera.
Los que recogen las basuras, a horas inusuales, en la calle, de todo lo que inundamos, elementos sucios desechos en descomposición y cosas que no imaginamos, sin mucha protección y que llegan a compartir con sus familias.
La desobediencia general de la gente, alimentada por políticos oportunistas que viven en grandes residencias de Colombia y del exterior, viajan en primera clase, exhiben elementos de lujo y con cinismo anuncian defensa de los más necesitados, que ellos exponen con peligro.
Personas que a diario deben salir, contra viento y marea a buscar el mendrugo de pan y la piedad, la bondad de los que salen, por razones también de necesidad, o los van a la calle desconociendo peligros y arriesgando vidas y los que no creen que la pandemia existe.
Los vigilantes, guardas, celadores que han tenido que triplicar sus turnos, estar alerta, ante la arremetida de la violencia en las ciudades, que sin piedad roban y asaltan.
Gente que trabaja en el servicio doméstico, recorriendo kilómetros para llegar a sus trabajos, con el permanente riesgo de alarma que no podemos enfrentar, sino con la lógica y el sentido común.
Empleados de comercios, droguerias, supermercados, tiendas de barrio, que trabajan intensamente para tener sus negocios surtidos, atender la demanda de artículos de uso diario, llevar domicilios.
Transportadores de pasajeros, de carga, taxistas que se exponen por servir y trasladar los alimentos, verduras y los elementos que han sido producidos por otras personas que doblan turnos, que defienden sus trabajos.
Domiciliarios, que a veces no se cuidan, y que son blanco de críticas, también cumplen una tarea sin reconocimiento, en el esfuerzo de servicio para darnos una vida fácil, en estas horas de confusión.
El sector funerario, seguramente lleva la peor parte, por los traslados, presiones de los deudos y las familias, que no comprenden la tarea les impone protocolos del gobierno y de organismos internacionales, para el manejo de este tema delicado y sensible.
Personas que laboran en el sector funerario que ha tenido que reinventarse, son unos héroes desconocidos, que no reconocemos, ni valoramos en su justa medida y que también lloran por los seres que nunca conocieron.
Los periodistas en todos sus géneros, que elaboran noticias, en radio prensa y televisión, que también han perdido algunos de sus hombres, cumplen su labor para informarnos, comunicarnos y orientarnos, que merecen por su puesto un amplio respeto.
Por ellos, esas personas que se exponen, nadie propone una marcha, una noche de luces, un acto de reconciliación, un subsidio, un aplauso nacional, unas gracias muy merecidas y que sientan que no están solos. Vaya un aplauso general