Actualidad

TALENTO HUMANO Y CALIDAD DE VIDA

 

 

 

Gerney Ríos González

Calidad de Vida basado en el Talento Humano, establece espacios entre mundos con formas de pensar distintas. Dialogar a través de la academia significa plantear preguntas dirigidas al fin que se pretende, el diálogo no significa preguntar por el placer de preguntar y contestar. El diálogo es el marco de un acto cognoscitivo (capaz de conocer y comprender), que busca una finalidad. La Gerencia de Calidad procura aproximar posturas, aglutinar opiniones y conseguir pensar juntos para crear e innovar, aportar una visión, ni mejor ni peor, pero una que sume elementos al debate sobre la actualidad del mundo, un planeta demasiado acelerado, en ocasiones crispado-irritado en el que falta el culto al verdadero diálogo  sobre la imposición ontológica –  filosófica que muchos pretenden. Esos dogmas deben desaparecer. Lograr la base firme en la palabra dialogada que convence.

Desde la óptica pragmática el sector productivo paga a líderes de talento y calidad por el aporte y la función desempeñada con absoluta convicción de producir y estabilidad organizacional. Aquí el liderazgo crea un universo al que Usted desea pertenecer. El líder conduce  a su entorno hacia determinado fin y liderar es el resultado de utilizar la capacidad de guiar – conducir de cada cual para influir sobre otras personas en busca de Calidad.

PROYECTO DE VIDA Y TALENTOS DE CALIDAD

Vivimos en una sociedad en permanente cambio, en la que empresas e instituciones en general — también el talento humano- buscan responder eficazmente a los desafíos del presente y, sobre todo a los que se vislumbran  en el futuro.

El mundo  es un gran escenario de competitividad, disputa de mercados, ofrecer productos de calidad y excelencia en el servicio, en una palabra, de continuos retos cualitativos. La palabra calidad, antigua en el diccionario, ha adquirido dimensiones nuevas.

Sinónimo de perfección, acabamiento, cosa bien hecha, duradera y satisfactoria, un nuevo paradigma o idea ejemplar para la acción humana.

La calidad del talento humano, es el atractivo de los desafíos que afrontamos hoy. Es  más decisivo y  permanente en cualquier proceso de cambio.

Hoy los cambios se presentan a toda hora. Cambiar es perentorio para todo talento. Quien no esté dispuesto a cambiar con calidad, será arrastrado por los acontecimientos o se quedará viendo pasar la vida de los demás.

Además, la calidad del talento humano no depende de las herramientas sino de la persona misma: “Yo no resulto ser una persona de calidad porque mis acciones son de calidad. Es al contrario: mis servicios son de calidad porque soy un talento con calidad”.

Desde lo más interior de los talentos, desde su voluntad, su conocimiento y su libertad, se generan acciones, servicios o productos de calidad. Sin la calidad interior es muy difícil la motivación, el trabajo que busca la perfección, el rectificar los errores, el perseverar en el logro de resultados positivos.

Misión y Visión 

Visión es una palabra familiar a la calidad total y a todo talento que quiera afrontar con éxito el futuro. Pero la visión (sueño, para qué) se apoya y parte de la misión (por qué razón de ser). Se habla de direccionamiento por visión para indicar un proceso de dirigir todos los esfuerzos de quienes integran la empresa hacia lo que ella busca, es decir, a la misión para la que fue creada, a los productos que fabrica o servicios que presta.

Centremos en la visión del talento humano — lo que cada uno quiere de sí, su sueño de futuro- que permite ajustar la misión que cada uno quiere cumplir como empleado,  persona, esposo, padre o hijo,  amigo y ciudadano, en una sociedad en cambio, cada vez más compleja y con mayores retos de cara al futuro, ese futuro que no está en ninguna parte, pero que hay que construirlo desde el presente, desde ahora.

¿Qué significa mañana?: ¡Mañana! Es un farsante, un jugador que apuesta su penuria contra la abundancia; es un ladrón que desvalija tu caja y te quiere pagar con deseos, promesas muy utilizadas por los idiotas.

Mañana es un periodo vago, indefinido en el cómputo de tiempo, más bien en la mente del olvido, o es el almanaque del loco; a la prudencia le asquea la palabra ¡mañana!

Se aparta de quienes la patrocinan, está tejida con el hilo de la pereza. Mañana es la reina de los fracasados en cuya frente se lee: “Pasé la vida esperando el Mañana”.

Mañana es el refugio de la pereza, de la ineptitud, la sima tragándose los proyectos esbozados y las resoluciones demoradas.

La clave del futuro para  empresas e instituciones no radica solamente en las reservas de energía nuclear, petrolífera o carbonífera, ni en las riquezas materiales de ningún tipo, sino en las inagotables reservas espirituales del Talento Humano: “Lo esencial para la generación de riqueza es el cultivo de los valores espirituales de los que deriva toda riqueza”. Y esta es una revolución silenciosa, con base en los valores, que podríamos denominarla el gran giro hacia la calidad total personal. Sólo en el talento, contando con ese “suplemento del alma” que debe haber en todas sus tareas, se encuentra la gran palanca del progreso.

En esa fuerza del espíritu humano abierta al infinito, o mejor, capaz de infinito, como diría Tomás de Aquino, encontramos la  salida coherente hacia el futuro. Hay que acentuar esta afirmación porque por doquier se lanzan gritos de alarma, se nos amenaza con catástrofes que no son otra cosa que el miedo a emplear las potencialidades humanas de trabajo y perfeccionamiento más equilibrante y en bien de todos, a potenciar la creatividad e innovación en diversos campos para obtener bienes de todo orden, a confiar en la fuerza generadora de recursos que es una sociedad unida en pos de unos objetivos comunes.

CALIDAD  DE VIDA Y AUTORREALIZACIÓN 

La “empresa de ser hombre o mujer” es la más ambiciosa y  la más difícil, pero la más necesaria en la vida de un talento. Sin ella no somos realmente personas, en cuanto que por el sólo hecho de venir al mundo o de crecer y desarrollarnos físicamente no tenemos una personalidad. Esta se conquista y se realiza progresivamente. Para lograrlo hay que estar constantemente haciéndose a sí mismo.

Dante Alighieri, “Cochise” Rodríguez, Sócrates, Platón, ,Miguel Angel, Séneca, San Agustín, constituyen Talentos Humanos, con dinamismo y calidad. No son  el resultado de una máquina que produjo  en serie.  Es un trabajo de artesanía peculiar, propio, único. En este sentido cada uno será lo que quiera ser, aunque no dependa enteramente de él. Lo que recibimos como dotación genética o como legado y dependencia del medio o del ambiente, no lo que podemos hacer de nosotros libremente.

Cada talento humano forja su  propia calidad de vida y lo saca adelante como quien esculpe una estatua, su más preciada obra de arte, no para contemplarla como algo distante sino para sentirla, vivirla, encarnarla plenamente

Todo esto requiere esfuerzo y sacrificio. Vivimos en una sociedad, habladora, alborotada, ahogada en las cosas, que no descubre el valor del sacrificio o del dolor sino que les saca el cuerpo y en ocasiones protesta por su existencia. Forjar una personalidad fuerte, serena y atrayente tiene exigencias grandes, no contentarse con la medianía y aspirar a lo mejor. Cada uno es feliz en la medida de su querer y de su poder para volver realidad lo que espera de sí mismo.

Hacer realidad la felicidad: Para construirse a sí mismo hay que hacerse preguntas y responderse valientemente: ¿Para qué estoy en la vida?, ¿qué quiero de mi mismo?, ¿cuál es el contenido de la felicidad que busco? No basta decir que buscamos la felicidad. Es más importante saber en qué consiste esa felicidad. La condición del talento humano responde a unas características esenciales, pero hay mucha distancia entre la vida biológica y la vida biográfica, es decir entre lo que soy por naturaleza y lo que alcanzo existencialmente.

No me llega esa felicidad corriendo de un lado para otro, sometiéndose a todo tipo de experiencias, o leyendo o sabiendo muchas cosas. Hay gente que sin moverse casi de su domicilio y de su trabajo madura enormemente , se ve que han logrado el objetivo porque centran sus esfuerzos en ser lo que quieren ser, lo cual no depende de coordenadas geográficas sino de coordenadas vitales, de la mente y el corazón.

Por las calles de las ciudades hay mucha gente que busca ansiosa la felicidad sin encontrarla. Su vida parece marcada por el “deseo sin esperanza” de que habla Dante en la Divina Comedia. Tal vez son arrastradas por el ideal del éxito económico y material o por el dar gusto a sus sentidos sin negarles nada, por la filosofía del placer.

A la vez, a ellos mismos o a otros, el mundo se les viene abajo por una desgracia económica, por la falta de salud o por una contrariedad sentimental. Les puede el qué dirán o el ambiente que les rodea, lo que los demás son o tienen, o lo que piensan de ellos, o cómo los ven ellos y por eso no descansan hasta tener lo mismo.

El talento humano necesita del silencio interior para poder entender bien sus propias palabras y para que ellas sean sonidos significativos, mensajes que llegan a su destino, que entienden porque revelan una vida vivida. El mucho ruido corre paralelo a la actividad incesante por quedar bien o por lucir las conquistas materiales o profesionales como un trofeo de caza. Como aquel autor que se dedicaba un libro más o menos con estas palabras:” A mi mismo, a quien no doy todo lo que me merezco”. El orgullo, la vanidad del propio logro ocupa demasiado espacio, a costa del espacio que deberían ocupar las personas.

El precepto socrático “Búscate en ti mismo” no es una invitación al egoísmo sino a la vida interior. Para que esta búsqueda tenga sentido hay que cultivar el espíritu, las facultades superiores, la llamada conducta activa, inteligente y voluntaria. Enraizada en el deseo, los sentimientos, la motivación, toda la esfera afectiva de la personalidad.

Es cosa bien sabida que nadie da de lo que no tiene, pero lo que hay que tener son no sólo cosas, sino lo más fundamental: un querer definido que se traduce en decisiones y en propósitos de vida que son los crecimientos sobre los que se construye la propia  calidad de vida, lo que nos hará felices y capaces de brindar esa felicidad a los demás.

REFLEXIONES DE CALIDAD

Miguel Ángel mirando a Moisés ya terminado lo golpeaba suavemente y le preguntaba: “¿Perché non parli?, “¿Por qué no hablas? Es decir, había quedado tan perfecto que sólo le faltaba hablar. Y cada uno de nosotros es infinitamente más que esa mole de mármol por muy bien tallada que esté. Dios y los demás hombres preguntan a cada uno de nosotros: ¿Por qué no hablas?

Si hemos sido hechos tan perfectos, con espíritu que tiende al infinito, con un ansia de felicidad que no se colma plenamente en la tierra, ¿por qué dejamos que las cosas que no llenan el espíritu acallen la voz del alma? ¿Por qué el consumismo y el activismo no nos dejan vivir en comunicación personal con los demás, y ésta se reduce, muchas veces, a parloteo superficial, a hablar del clima, de la moda, de la comida y muy poco de los bienes esenciales (vida, amor, verdad, trabajo, libertad, fe y nuestra mejor inversión estudiar).

Miguel Ángel decía también, contemplando las piezas de mármol antes de ser trabajadas: “Ahí está. Sólo hay que quitarle lo que sobra” Hay mucha cosa en nosotros que sobra: pereza, comodidad, vanidad, aburguesamiento, indolencia. Para vivir nuestra razón de ser, nuestro servicio a la sociedad, hay que levantarse sobre sí mismo para divisar mejor a los demás.

Hay que trabajar, trabajar y mucho — trabajo formativo y productivo-, prepararse bien humana e intelectualmente, profesionalmente. Sin prisa pero sin pausa, dar más, si queremos estar en el frente de la batalla por buscar una sociedad mejor, que sólo puede hacerse con hombres o mujeres de calidad, con capacidad de rebeldía frente a lo rutinario, a lo establecido, al conformismo o a la pasividad. La causa: dar todo a cambio de nada. Y cuando las cosas están por hacerse comenzar es lo primero.

A veces se es rebelde frente a los deberes pero no frente al adocenamiento, a la uniformidad de las conductas colectivas. Hay que ser rebeldes ante todo lo que nos arrastra hacia abajo. Vivir menos pendiente de uno mismo y más atento a lo que ocurre fuera de nosotros.

Uno de los obstáculos más frecuentes hoy para poder  vivir esa disponibilidad es la sensualidad como fenómeno que tiende a invadir la persona. Publicidad, televisión e imágenes, constantemente nos bombardean.

Todo parece centrado en  placer y  confort, en satisfacer todo género de deseos. Vivimos en una sociedad erotizada, en la que por todas partes se estimula, se excitan la sensualidad y la sexualidad. Hay demasiado cuidado por el cuerpo. La gente se pasa horas en un sauna y les cuesta concentrarse para leer un libro o simplemente para pensar un problema. Es el culto al cuerpo que puede conllevar el desprecio del alma. Si – no leo me A- burro. 

Tomado del libro Liderazgo Logístico, capítulo punto final, de la autoría de Gerney Ríos González