Hinchas del Santa Fe salieron a las calles de Bogotá para acompañar su equipo a pesar del peligro que representa el contagio masivo de la Covid-19.
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Cuando la imbecilidad se encuentra con el fanatismo resulta un explosivo de incalculables pérdidas.
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Eso es lo que ocurre en Colombia. Fanáticos del fútbol, azuzados por comentaristas, redes sociales, influencer salen a las calles, en medio de una pandemia que se ha llevado a 42 mil compatriotas, a gritar cuanta pendejada se les ocurra.
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Sin las más mínimas atenciones de bioseguridad, con alcohol y otras yerbas en la cabeza, sin tapabocas, sin guardar el distanciamiento social salen frenéticos a vociferar y a maldecir la vida.
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La Policía mira atónita. Se toman las medidas más insólitas: ley seca tan pronto termina el partido y encierro después de las 10 de la noche.
¿Qué hacen los vivos bobos? Pues se aprovisionan desde la mañana y los vendedores hacen su diciembre con los fanáticos.
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En las UCI los médicos, enfermeras y demás personal médico hacen llamados urgentes para que se detenga el partido. Nadie escucha.
No se necesitan cinco dedos en la frente para saber lo que ocurrirá en una semana. Lamentos acá y allá por la muerte de la “cucha” que resultó infectada por la irresponsabilidad del hijo o del niego que gritaba vivas por uno por el otro equipo.
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Los vecinos de las calles por donde pasan las caravanas de orates, intoxicados con Covid, pólvora u olores aromáticos deben resignarse ante el silencio de las llamadas autoridades.
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La pandemia de la Covid-19 existe. Se ha llenado a millones de personas en el mundo. Ha empobrecido a los países. Ha dejado en luto a millares de familias, pero en este país tercermundista lo único que importa es portar una pañoleta roja o escarlata creyendo conquistar al mundo.
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El gobierno nacional, al menos, debió declarar de interés público el partido y permitir que sólo en las casas se viera el encuentro y prohibir la salida a las calles.
Este 28 de diciembre no será un día de Inocentes, sino de sinvergüenzas cómplices de asesinato de una pandemia regada con algarabía como si con eso fueran a salvar sus almas.
