Guillermo Pérez, Luis Fernando Santos, Rafael Santos y Camilo Tovar, mayo de 1979, El Tiempo.
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Falleció este fin de semana el periodista político Guillermo Pérez Téllez. Si alguien tuvo poder en El Tiempo fue él. Fue el mandamás en esa sala de redacción.
Los políticos de los años setenta, ochenta y parte de los noventa le rendían sus honores. Anduvo con los presidentes Pastrana, Turbay, Barco, Betancur, Gaviria, Samper y Pastrana.
Muchos senadores y ministros lo llamaban para pedirle consejos o para que les diera la oportunidad de salir en El Tiempo.
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Fue muy combativo en los gremios periodísticos donde participó. Fue fundador del Colegio Nacional de Periodistas donde lucho por sus colegas. Anduvo también en el Círculo, donde aún no le han sacado dos líneas sobre su actividad profesional.
Este fin de semana se supo que falleció en Soacha, a los 84 años, esperando alguna llamada de los famosos políticos o al menos de sus colegas.
Hace unos años degustaba su cafecito en el Juan Valdez de Unicentro donde departía con algunos pensionados.
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Para meditar. El filósofo, periodista y fundador de Colprensa Jorge Yarce lanzó su columna esta semana titulada «La palabra humillada”.
Dice cosas tan ciertas como: «A fuerza de bombardear a los oyentes, televidentes o internautas, con noticias tremendistas, conturbadoras o violentas, se puede alterar la realidad de las cosas, de modo que lo blanco acaba siendo negro, los hijos aparecen enfrentados a los padres, los alumnos a sus maestros, los jueces son influidos en sus sentencias por el ruido de los medios y los ciudadanos terminan por desconfiar de la autoridad o rebelarse contra ella”.
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La palabra, un don precioso de la persona, es el arma del periodista, a través de la cual puede comunicar verdad, opinión, o falsedad, mentira o manipulación de los hechos. Es como un cuchillo en manos de una criatura, que puede ser bueno para cortar el pan, pero si lo usa mal, para ella puede ser fatal. Eso ocurre cuando la palabra es humillada por la prensa.
La palabra puede ser lo más simple (sonido vacío) o, como decía Tomás de Aquino, «verdad tronante” que construye mundos, que denuncia situaciones, que cambia comportamientos. Palabra que inquieta, que conturba, que causa daño cuando no ha sido comprobada, verificada con los hechos y con las personas afectadas y con todas las fuentes de la noticia.
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«Los periodistas, al contrario, deben ser muy estrictos en todos los géneros que manejan, y sobre todo en la noticia, buscar la mayor objetividad posible, y tratar de ofrecer los hechos escuetos, sin adornos, sin revestirlos de cosas no evidentes, y ofrecer la información que requiere la comunidad, yendo siempre tras la difícil verdad, tarea fatigosa y difícil aunque posible.
El compromiso de los medios con la palabra es exaltar la palabra, dignificarla haciéndola portadora de buenas nuevas, no sólo de noticias sobre el mal. Lo que importa, en último término, es dejar a un lado los compromisos –de amistad, políticos, de conveniencia-, que alejan de la verdad y luchar por lo que necesita la sociedad”, agrega Yarce.
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Nuevos movimientos se esperan en la radio para los próximos días. Cambios en la programación musical están a la vista. Los manejadores del marketing no pueden ser tan tercos con los deseos del público.

