El presidente de la República es el presentador, animador, director, productor y entrevistador.En una vulgar copia de lo que hace el vecino país.
La unificación de la información sobre el virus pone en aprietos la estabilidad en salud de los colombianos. En Medellín hay un programa musical en el cual una sola persona es el presentador, animador, director, productor y entrevistador.
Además, él consigue a los artistas, vende la pauta publicitaria y organiza el tema de escenografía. Es, el San Agustín de la Televisión.
Se decía que, en los tiempos del santo, él sabía de filosofía, teología, astronomía, matemáticas, ingeniería y hasta cocina.
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Ahora, ante la ausencia del Periodismo, de críticas de los gremios de comunicación, el presidente de la República es el presentador, animador, director, productor y entrevistador. En una vulgar copia de lo que hace el vecino país desde la época de Chávez con sus alocuciones presidenciales.
¿Quién contradice al presidente? ¿Quién hace un debate a quién debe ser fuente?
Ante una pandemia los grandes medios –llámese El Tiempo, El Espectador, Semana, Caracol Radio, Caracol Televisión, RCN Radio y RCN Televisión—no tienen un solo programa de opinión para hablar con gente que diga qué está sucediendo.
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El presidente cuadra sus cifras, como lo hace el Dane. Por eso desde hace muchos años, cualquier parroquiano al ver los datos del Departamento Nacional de Estadísticas se ha preguntado, ¿dónde diablos es que mercan los encuestadores de esta entidad estatal?
El Periodismo está desconcertado, no aparece. O está acallado, acobardado o definitivamente se dejó en manos de los controladores de las redes sociales.
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No se sabe a ciencia cierta cuándo llegará la vacuna y para colmo de males, la tarea para adquirirla se le dejó en manos de Francisco Santos, el flamante embajador de Colombia ante los Estados Unidos.
Cuando no se conoce la historia, se repite. Colombia perdió a Panamá porque envió a un representante para hablar con los delegados de Estados Unidos con un problema: el pobre tipo no sabía inglés. Total, le redactaron lo que se les dio la gana y se perdió el Istmo.
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Algo parecido sucede ahora. De pronto Francisco sabe un inglés para pedir una hamburguesa en McDonald, pero cómo se defenderá cuando le hablen en términos científicos de las reacciones de la vacuna.
Pasará como en la escena de la película «Soñar no cuesta nada» o «La guaca de las FARC» que los muchachos pedían «petacos» de champaña.
El periodismo debe despertar y el presidente debe pasar al lado que le corresponde: el de fuente simplemente.