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Unesco: NEGÓ COMO PATRIMONIO CULTURAL DE LA HUMANIDAD LAS CORRIDAS DE TOROS

En Colombia todavía existe un sector de la sociedad que patrocina toda la vileza y agresividad humana se desarrolla contra un animal indefenso. 

 

 

El sector taurino solicitó a la Unesco que la incluyera en el estatus de protección como Patrimonio Cultural de la Humanidad por la situación de emergencia que atraviesa el sector, principalmente en España.

A pesar de las dos peticiones remitidas desde la Asociación Internacional de Tauromaquia, la Unesco postergó el debate de inclusión a la tauromaquia y luego lo dejó por fuera de la agenda, descartando incluirlo entre los candidatos a ser Patrimonio Cultural de la Humanidad.

Luego de conocerse las peticiones del gremio taurino, otras organizaciones como La Tortura No Es Cultura, Animal Guardians o Gladiadores por la Paz, también lanzaron campañas en contra de la candidatura.

Las plataformas animalistas celebraron la decisión de la Unesco explicando que incluir la tauromaquia como Patrimonio, permitiría transmitir la violencia contra los animales como una cultura aceptable de generación en generación.

Las corridas de toros son un resquicio brutal de barbarie en nuestra sociedad. Este espectáculo, absolutamente anacrónico, todavía es una lacra de la sociedad española por culpa de la incultura y sobre todo debido a los intereses económicos de unos pocos.

Corridas de toros

Su origen más remoto es todavía confuso, pero lo que se ha podido verificar históricamente es que su antecedente más evidente es el circo romano. Posteriormente, durante la Edad Media, en los torneos medievales los aristócratas también alancear toros. De esta manera exhiben su fuerza militar, lo cual se convertía en un espectáculo para el pueblo llano. Los animales, sufriendo la tortura en sus carnes, eran el blanco de una de las formas de agresividad que garantizaba la rigurosidad de una estructura social tremendamente desigual, ya que de esta manera el pueblo llano como espectador era el receptor pasivo de la violencia exhibida por los poderosos. Durante el siglo XIX, bajo el mandato de Restauración absolutista de Fernando VII, las corridas de toros empezaron a calar entre las clases populares a propósito de las clases más acomodadas. Fue entonces cuando se abrió la primera escuela de tauromaquia, justo en la misma época en la cual la monarquía absolutista, un sistema ya caduco en la Europa del XIX, ordenó la clausura de las universidades españolas.

Esta fue una de las épocas más nefastas de la Historia de España, justo en la que las corridas de toros progresivamente se convirtieron en el desahogo de las frustraciones. El animal se convertía en la víctima en la que descargar toda la vileza y agresividad humana.