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Opinión: COLOMBIA ES UN PAÍS DE CARTELES

 

 

Jhon Jairo Salinas

Definitivamente la política en nuestro país no deja de ser más que un fortín de «políticos» ladrones, corruptos, tramposos, etc. Mejor dicho, se perdieron los valores, la ética, y la moral de la política, entendida como una ciencia social.

Ahora vemos con escozor que nuestras instituciones del Estado, son controladas y manejadas por carteles. Veamos en el argot delincuencial qué significa cartel: «son los términos con los que se identifica a una gran organización ilícita o a un conjunto de organizaciones criminales que establecen acuerdos de autoprotección, colaboración y reparto de territorios (plazas) para llevar a cabo sus actividades criminales».

Bien, definitivamente las tres ramas del poder: legislativa, ejecutiva y judicial en nuestro país se convirtieron en una gran organización delincuencial. «Cartel de la toga», «cartel de la contratación», «cartel de la hemofilia», ahora aparece un nuevo cartel, el del sida; no sin antes recordar que la política colombiana en las décadas de los 70, 80, había sido permeada por los carteles de la droga (cartel de Medellín, cartel de Cali). Bueno también decir que existe el «cartel del cilantro», «cartel de la cebolla», «cartel de la papa», «cartel del plátano», «cartel de pañales» y «toallas higiénicas».

Somos una república presidida por una organización delincuencial de cuello blanco, cuyos jefes y patrones se encuentran arropados en la aureola de la «democracia» y son los que ahora salen a pregonar que hay que salvarla. Sí, esa misma que les da privilegios a costa de la miseria física y política de un pueblo que ha sido engañado, maltratado, vilipendiado por políticos hampones y corruptos, que lo único que han hecho en este país es esquilmar, expoliar la renta pública producto de la plusvalía que produce la clase trabajadora y honesta.

Maquiavelo en su obra «El Príncipe» nos recuerda esta frase «La mayoría de los hombres, mientras no se les prive de sus bienes y de su honor, viven felices; entonces, el príncipe es libre para combatir la ambición de las minorías» ¡Sí! los príncipes son ellos, que nunca permitirán que la pobrería en Colombia tenga la ambición de poder vivir en condiciones más dignas, porque de lo contrario la burguesía colombiana dejaría de ser feliz.

Un gobernante colombiano contradiciendo su clase social dijo lo siguiente «Colombia no tiene ferrocarriles, ni hospitales, pero en cambio, los colombianos están muy preocupados por el cuociente electoral» (E. Olaya Herrera). Qué vergüenza, ahora estamos más preocupados de si gana las elecciones el cartel de la mafia traqueta  de Álvaro Uribe Vélez y Germán Vargas Lleras, o la izquierda colombiana, presidida por quienes son incapaces de llegar unidos en esta contienda electoral, de dejar a un lado el caudillismo, la arrogancia o la mezquindad y entender que primero están los intereses del pueblo que dicen representar.

¡Basta ya! Lo único que hacen sus dirigentes con esas actitudes es hacer el juego a los intereses de una derecha regentada por el cartel de los cuarenta ladrones de la Alibaba de esta republiqueta bananera. Como dice un estribillo en la calle ¡Que gobiernen las putas la república, ya que sus hijos no fueron capaces con ella!