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TELESCOPIO

Ricardo Rosales

De la estúpida ridiculez a la enfermedad mental del bullying no hay sino un paso.

Ocurrió este domingo 18 en Bogotá, en el estadio El Campín, ante la presencia de miles de seguidores del fútbol, ante la mirada complaciente de docenas de periodistas y comentaristas del encuentro entre Millonarios y Deportivo Cali.

En esta última jornada de la Liga colombiana se definían muchas situaciones. Los dos equipos que se enfrentaban en el estadio de la 57 estaban ya clasificados y por tal motivo, el director técnico de Millonarios, Alberto Gamero determinó darle oportunidad para debutar al lateral derecho cartagenero, del Alto Bosque, Ricardo Rosales.

Ilusionado el muchacho, después de llamar a su familia para confirmarles que efectivamente saldría vestido de azul para enfrentar a los verdes. Fue un momento muy importante en su vida. Con lo que no contaba era que sus compañeros a punta de tijeras le cortaron el pelo y le hicieron otros improperios a forma de ritual de iniciación al estilo de la crueldad de los militares del mundo.

Es conocido que, a un piloto, luego de su primera experiencia comandando un avión, es bañado con aceite quemado, a otros les golpean los glúteos después de salir a un combate y una serie de crueldades inimaginables.

Hace poco más de un año se conoció el caso de Brandon Cely, un soldado, que no aguantó más las presiones de sus compañeros y determinó suicidarse.

La lista podría alargarse si se recuerdan hechos de otros estudiantes que han preferido quitarse la vida antes de aguantar más tormentos.

Desde luego que los comentaristas y periodistas aplaudieron el hecho de la «pelada» del joven deportista de Millonarios, como aplaudieron que el Alianza Petrolera enfrentó un partido con 7 jugadores y uno lesionado, pero el espectáculo había que darlo y no se podía quedar mal con los patrocinadores.

¿Qué sueños pueden tener los jóvenes que anhelan con llegar a un equipo para mostrar sus habilidades si se sabe que recibirán los más graves ataques de bullying patrocinados por la Dimayor y la complacencia de los comunicadores que risueños, dicen que no le ven nada malo a este tipo de situaciones?

El país enfrenta decenas de hechos en los cuales son ultrajados los menores, son maltratadas cientos de mujeres, no solo golpeadas sino asesinadas, ante la indiferencia del país, pero lo más grave, de los medios de comunicación.

Esta rapada que le han hecho a Ricardo Rosales es apenas una cuota inicial de los demás vejámenes que ocurren en el fútbol colombiano, espectáculo para miles de fanáticos, negocio redondo para los empresarios y dueños de los equipos y participación económica de los medios.

Esta situación se suma a la del partido de marras del Alianza Petrolera, a la actitud de los jugadores del Medellín que fueron de juerga, se infectaron de la Covid-19 y después contagiaron a varios compañeros y hasta al «bolillo» Gómez, técnico del equipo.

Irresponsabilidad, falta de solidaridad, pero el bullying no tiene excusa. O, al menos, para El Telescopio. Sabemos que la Personería y la Procuraduría encubrirán los hechos, porque puede más la burocracia que el trabajo, pero al menos quedamos en paz con la conciencia.