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TELESCOPIO

 

El mundo cayó en un infierno con las llamadas redes sociales. Cualquier personaje opina sobre lo divino y lo humano. Sin pruebas científicas ni históricas originan Fake news y las distribuyen sin ningún miramiento, sin importar el daño que se le pueda ocasionar a las personas, empresas, entidades o gobiernos.

Hay entidades dedicadas a armar bochinches, crear enemistades, odios, rencores a través de mensajes, leyendas, opiniones no dadas, fotos, memes, sin ningún escrúpulo.

Son mensajeros del mal.

En la actualidad centenares de empresas se han retirado de Twitter por el malestar que encuentran en esta red social donde la mentira la convierten en verdad, porque aseguran que una mentira dicha cien veces se convierte en realidad.

No les interesa pitear la imagen de una persona, ni crear pánicos financieros, industriales, ni denigrar hasta de sus propias familias.

En los últimos meses aparecieron profesores convertidos en periodistas, abogados con medios de comunicación, populacheros son opinadores de política, economía, geografía, deporte y cuanto tema les pongan por delante. Zapatero a tus zapatos.

Las redes sociales son como las armas blancas. Bien utilizadas pueden ayudar en los trabajos de cocina, carpintería u otros oficios, mal usadas estropean a una sociedad, denigran a las personas y ocasionan unos problemas inmensos de salud mental.

Se debe llevar a la justicia todo comentario que se haga en redes sociales. Por el bien de la sociedad y de la humanidad. No hay derecho a que se opine sin razón, sin justificación y sólo con el único objetivo de ser payaso de fiesta o bufón de corte.

Dentro de las personalidades de las personas, de su carácter, debe estar impreso en su mente la responsabilidad y la seriedad. No se puede hablar de una persona, simplemente, porque le cae mal, no le prestó plata, no le invitó a tomar licor o lo miró mal.

El país no se puede echar por la borda a punta de lengua y de comentarios mezquinos. Acá está en juego el Estado, la patria que nos vio nacer y si no están de acuerdo con Colombia, sus empresas y su gente, pues podrían marchar a otras dimensiones. El polo norte está aún desocupado.

Es una lástima que los gremios periodísticos como el CPB no se pronuncien sobre los graves hechos que están sucediendo en el país.

Es triste que las agremiaciones no busquen la paz entre los colombianos y como lelos permitan que se desahoguen a punta de calumnias.

No es riéndose del mal ajeno como se progresa en este mundo. Si a mi vecino le va bien debo alegrarme, no tengo por qué sentir envidia y originar resentimientos infundados.

Es necesario recapacitar antes de sentarse frente a un computador o un celular para hablar mal de una persona, una entidad o un personaje de la vida artística o profesional. Es un acto de caballerosidad ser respetuoso. Lo mínimo.