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TELESCOPIO

Los llamados grandes medios de comunicación hacen parte del poder económico que los absorbió.

 

A los directores de los medios de comunicación en Colombia les quedó grande una palabra que les trataron de enseñar en las Facultades: Objetividad.

Es más, se podría decir que deberían de tenerla también con Imparcialidad.

De uno u otro lado los medios han tomado partido por uno de los bandos que se disputan en esta guerra que vive el país.

Unos piensan que ya ganó la izquierda y otros consideran que sólo con la derecha se podrá mantener el orden. Están mirando todo como una contienda de partidos cuando la realidad es otra.

En las mañanas de Caracol Radio el oyente no sabe cuándo es 6 am 9 am y otra La Luciérnaga. Se confunden por los continuos chistes del director.

En RCN Radio no saben cómo manejar la situación. No han hecho una sala de redacción para analizar con periodistas y un par de invitados, la situación del país.

Blu Radio está entre el egoísmo de Néstor Morales y los pésimos chascarrillos de Jorge Alfredo Vargas quien se burla de la situación del país y humilla a los caleños con sus frases manidas.

En Caracol Televisión la mala intención es lo predominante del día. Las palabras de los periodistas no concuerdan con las imágenes y le han dado mucho despliegue a un sector de la contienda.

En RCN Televisión están asustados por las continuas amenazas.

CityTV es el noticiero del Paro. En sus imágenes pululan las peleas, la violencia, los ataques porque consideran que el morbo da sintonía.

Unas décadas atrás el actor y director de cine Woody Allen decía que «En California no tiran la basura: la convierten en programas de televisión».

Las Facultades de Comunicación Social, agremiadas en ASFACOM, no se han pronunciado sobre el manejo de medios en esta situación actual.

¿Se justifica tanto despliegue de la violencia?

Hace años en Bucaramanga, decenas de personas se quitaban la vida lanzándose al viaducto y en su último deseo que escribían en una carta, era que su nota se publicará en Vanguardia Liberal. El periódico les hizo caso durante meses a los suicidas. Sin embargo, un día llegó a la sala de redacción el doctor Alejandro Galvis Ramírez y les dijo a los periodistas: «Acaben con esa bolera, pongan un aviso que no volveremos a publicarles sus cartas a los difuntos que mueran en el viaducto».

Así lo hicieron y cayó, al mínimo, la manida costumbre en el famoso puente.

Acá están en juego la objetividad y la imparcialidad periodística, pero sobre todo el futuro de Colombia.