«Diversos sectores del poder tradicional y los medios masivos han consolidado un bloque de resistencia que obstaculiza las reformas sociales propuestas por el Gobierno. Esta ofensiva coordinada enfrenta hoy a una ciudadanía crítica que, apoyada en nuevas formas de información, rechaza las narrativas de las élites».
Amparo Fuentes Z.
Especial
En la recta final de su administración, el presidente Gustavo Petro mantiene un sólido respaldo popular que contrasta con las dificultades para materializar su programa de gobierno. Aunque el líder del Pacto Histórico logró conquistar la Casa de Nariño, el ejercicio del mando se ha visto frenado por una estructura de poder que permanece bajo la influencia de la derecha y la ultraderecha, sectores que conservan el control de engranajes clave en el Estado y la economía.
Desde el poder judicial y los organismos de control hasta el Banco de la República y los gremios empresariales, se percibe una resistencia coordinada. Este bloque, permeado por el uribismo, ha consolidado una oposición técnica y política que ha impedido el avance de las reformas sociales prometidas en campaña. A este escenario se suma el papel de la autodenominada «gran prensa», cuyos activistas, en su afán por respaldar a las élites tradicionales, han sufrido un desplome en su credibilidad ante una ciudadanía que ya no «traga entero».
La insurgencia de la información
La pérdida de hegemonía de los medios tradicionales ha dado paso al auge de las redes sociales, herramientas que han permitido a la clase media y a los sectores más humildes estructurarse intelectualmente. Hoy, el campesinado, los trabajadores y los pueblos indígenas identifican con claridad las estrategias de desinformación utilizadas por la derecha para proteger sus privilegios y perpetuar un sistema de corrupción y oligarquía decadente.
El despertar político de las mayorías ha puesto en evidencia que el sector que hoy busca retomar el control de los recursos públicos es el mismo que históricamente ha impulsado la guerra como mecanismo de despojo. Ante el próximo ciclo electoral, los colombianos parecen listos para defender en las urnas un modelo que los escuche, rechazando a quienes pretenden sacrificar a los más humildes para concentrar tierras y bienes en manos de unos pocos.