El Porce
Colombia parece haber despertado de un sueño y como tal ha adquirido por estos días la conciencia de que los manatíes hacen parte del patrimonio nacional.
En Barranquilla y en Barrancabermeja se han estado gestando últimamente sendas entidades de defensa y protección de este mamífero de aguas de rio que poblara antaño las corrientes del Magdalena y se regara por caños, ciénagas y afluentes.
Yo oí hablar del manatí cuando la olvidada escritora vallecaucana Nelly Domínguez Vásquez publicara en Madrid en 1961 su novela sobre el capitán de uno de los buques que subían y bajaban por el rio de Barranca a Barranquilla, quien se enamora de una manatí hembra y pretende hacer el amor con ella, repitiendo con un sabor más femenino lo que desde antaño los costeños adolescentes hacían con las burras para entrenarse a domicilio en las experiencias sexuales.
La novela, titulada MANATI , escrita y publicada seis años antes de la novela cumbre de García Márquez, no recibió toda la crítica favorable que merecía pese a ser un anticipo castizo del tsunami del realismo mágico que se impondría desde Macondo .
La tradición del rio con esta ballena de agua dulce, la misma que ha dado para cumbias y poemas, inquietó a la adinerada sobrina del general Vasquez Cobo mientras enloquecía de amor en las calles parisinas con uno de los Támara latifundista de la sabanas costeñas .
Su lectura me llevó a buscar en las ya olvidadas bibliotecas donde se guardaba el saber para encontrar fotografías o dibujos de un manatí hembra, patas arriba con sus tetas y su chocha semejando una mujer gorda .
Entendí entonces el amor del capitán del buque de rio por esta gigantesca y atrayente mole y la trascendencia de la novela de Nelly. Nadie volvió a publicarla aunque ella dejó por testamento constituida una fundación, que aún existe, para ayudar a los escritores sin medios a publicar sus obras o sobrevivir en la vejez.

