El operativo liderado por la POLFA, la Fiscalía y el INVIMA descubrió una economía ilegal que generaba dividendos cercanos a los $6.000 millones de pesos anuales.
Rafael Camargo Vásquez
Judicial
En una contundente ofensiva contra las mafias que atentan de manera directa contra la salud pública, la Policía Nacional desmanteló en las últimas horas una sofisticada organización criminal que operaba una factoría clandestina en la capital de la República. La red se dedicaba a la falsificación a gran escala de medicamentos de alta complejidad y de golosinas de marcas de amplio reconocimiento comercial, camuflando sus operaciones en viviendas de barrios residenciales en el sur y occidente de la ciudad bajo la fachada de supuestas microempresas.
Las investigaciones conjuntas entre la Policía Fiscal y Aduanera (POLFA), la Fiscalía General de la Nación y el INVIMA pusieron al descubierto un peligroso «modus operandi». Los criminales utilizaban materias primas industriales no aptas para el consumo humano, colorantes textiles y almidones para rendir los componentes activos, valiéndose de maquinaria de alta tecnología como litografías y selladoras industriales para imitar a la perfección los hologramas, cajas y empaques de laboratorios multinacionales. El riesgo sanitario era extremo debido a la contaminación cruzada, ya que en las mismas instalaciones y con los mismos utensilios donde se manipulaban los fármacos químicos, se elaboraban y empacaban los dulces destinados al público infantil.
Un portafolio criminal letal
La fábrica ilegal mantenía dos líneas de producción altamente rentables. La primera correspondía a medicamentos de alto costo esenciales para la supervivencia humana, tales como tratamientos para el cáncer (quimioterapias), insulina para pacientes diabéticos, antibióticos de amplio espectro y fármacos psiquiátricos controlados. Al carecer del principio activo real, estas sustancias provocaban el empeoramiento progresivo o la muerte de enfermos crónicos. La segunda línea correspondía a chocolates, gomas y dulces comerciales adulterados con azúcares industriales y expuestos a reactivos químicos nocivos.
Los productos terminados no solo inundaban el mercado informal de la capital en sectores como San Victorino o farmacias de barrio, sino que eran distribuidos a las principales ciudades del país mediante empresas de mensajería comercial e, incluso, lograban infiltrarse de manera fraudulenta en los contratos de provisión de medicamentos de algunas Instituciones Prestadoras de Salud (IPS) periféricas.
Resultados del operativo y medidas judiciales
Tras meses de seguimientos, interceptaciones telefónicas y el empleo de agentes encubiertos, las autoridades materializaron múltiples diligencias de registro y allanamiento. El balance operativo dejó como resultado la captura de los principales cabecillas de la estructura, entre ellos el «químico» empírico encargado de las mezclas y el coordinador de logística. Asimismo, se logró la incautación de más de dos toneladas de medicamentos adulterados, miles de cajas de dulces listos para la venta, precursores químicos y maquinaria avaluada en cientos de millones de pesos. Los libros contables decomisados evidenciaron ganancias netas mensuales superiores a los $500 millones de pesos.
Ante un juez de control de garantías, la Fiscalía General de la Nación imputó a los detenidos los delitos de «corrupción de alimentos, productos médicos o material profiláctico; imitación o simulación de alimentos, productos o sustancias; y concierto para delinquir». Por la gravedad y el peligro inminente que representan para la sociedad, los procesados fueron cobijados con medida de aseguramiento en establecimiento carcelario.
Paralelamente, el INVIMA emitió una alerta sanitaria de alcance nacional con el fin de que las secretarías de salud regionales intensifiquen las inspecciones en droguerías, instando a la ciudadanía a adquirir medicamentos únicamente en cadenas autorizadas y a verificar rigurosamente los sellos de seguridad.
