Buenaventura desde hace 100 años carece de un buen servicio de acuducto y alcantarrillado.
El Gobierno aprueba más de $43.000 millones para transformar el acueducto y el alcantarillado de Buenaventura, un reclamo histórico del Paro Cívico.
Víctor Cuero
Pacífico Colombia
Buenaventura, el puerto más importante de Colombia sobre el océano Pacífico, ha vivido por décadas bajo una paradoja insostenible: mover gran parte de la economía del país mientras sus habitantes padecen el racionamiento diario de agua potable. Para empezar a cerrar este rezago estructural, el Departamento Nacional de Planeación (DNP) y el Ministerio de Vivienda aprobaron una inyección presupuestal de $43.195 millones de pesos, destinada a transformar de raíz el sistema de acueducto y saneamiento básico del distrito.
Este millonario paquete de recursos responde a los compromisos del Estado con las comunidades locales en el marco de las mesas del Paro Cívico. El proyecto, que incluye interventorías técnicas, administrativas y ambientales, beneficiará tanto al casco urbano como a sectores suburbanos y rurales históricamente olvidados.
Un plan de choque sobre el terreno
El presupuesto se traducirá en un despliegue de obra civil dividido en dos frentes urgentes: la potabilización del recurso y la recolección de residuos líquidos.
En la línea de agua potable, el objetivo prioritario es optimizar las redes existentes. Esto implica el reemplazo definitivo de las tuberías obsoletas de asbesto-cemento, responsables de masivas fugas del líquido. Al mitigar estas pérdidas, el distrito busca aumentar sustancialmente las horas diarias del servicio en los hogares, superando el crónico esquema de suministro que hoy obliga a muchas familias a recibir agua solo cada dos o tres días. Asimismo, se intervendrá el sistema de captación en el río Escalerete para estabilizar el Índice de Riesgo de la Calidad del Agua (IRCA).
Por el lado del saneamiento, la estrategia se centrará en la separación de redes. Al construir colectores independientes para las aguas lluvias y las residuales domésticas, se reducirán notablemente las inundaciones urbanas provocadas por la alta pluviosidad de la región.
Un impacto en tres dimensiones
Las autoridades proyectan que los efectos de esta obra transformarán la dinámica del distrito especial en tres niveles fundamentales:
-
Salud Pública: La disponibilidad de agua limpia y el tratamiento de excretas disminuirán de forma drástica la incidencia de infecciones gastrointestinales y de la piel, protegiendo principalmente a la primera infancia.
-
Equidad Social: El acceso a servicios públicos dignos impactará de forma positiva el Índice de Pobreza Multidimensional (IPM), una de las métricas donde la región sufre las mayores brechas respecto al promedio nacional.
-
Economía Local: La ejecución de los proyectos dinamizará los ingresos del distrito mediante la contratación obligatoria y prioritaria de mano de obra, técnicos y profesionales locales.
El reto de la transparencia «puertas adentro»
A pesar del optimismo que genera el anuncio, expertos y líderes comunitarios coinciden en que el verdadero éxito de los $43.195 millones dependerá de una veeduría ciudadana estricta y del acompañamiento preventivo de la Contraloría.
El gran desafío del proyecto será doble: asegurar que el operador local tenga la capacidad técnica para mantener la nueva infraestructura sin caer en el deterioro prematuro, y garantizar que la Alcaldía de Buenaventura, la Gobernación del Valle y el Ministerio de Vivienda agilicen los trámites de licencias ambientales. Solo así se evitará que los cuellos de botella burocráticos frenen el flujo de un recurso que Buenaventura lleva esperando toda su vida.