Marruecos se alista para sus sextas elecciones legislativas bajo el reinado de Mohamed VI, priorizando cerrar la brecha socioeconómica de un país a dos velocidades.
Rue20 Español/Fez
Ismail El Khouaja
Primicia Diario
Marruecos atraviesa una etapa sumamente importante que marcará el devenir político del país. Pocos días nos separan de la celebración regular de las sextas elecciones legislativas desde la entronización del Rey Mohamed VI. El 23 de septiembre de 2026 se renovarán los 395 escaños de la Cámara de los Representantes del Reino.
En el debate público a menudo se habla del «Gobierno del Mundial» o del «Gobierno del Plan de Autonomía». Si bien son dos proyectos y eventos estratégicos para el país, el próximo Gobierno tiene sobre la mesa una prioridad extremadamente urgente: encontrar soluciones para un Marruecos con una sola velocidad.
El contexto en el que se desarrollan estas legislativas coincide con la gran apuesta de los marroquíes —principalmente los jóvenes— por el cambio o la mejora de unas políticas sociales que generaron un descontento social sin precedentes en el país, contribuyendo al incremento de las tasas de pobreza y de vulnerabilidad. Todo junto sirvió como caldo de cultivo para desatar las protestas de la Generación Z, la crisis migratoria en Ceuta, el paro que supera el 13 %, el caso de «ninis» que roza los tres millones, el detonante informe PISA, etc.
En uno de sus discursos que marcan las directrices y líneas generales de la política del país, el Rey Mohamed VI expresó su preocupación por la persistencia de la pobreza y llamó a erradicar la idea de un «Marruecos a dos velocidades», instando a las élites políticas a moralizar la escena política y a asumir sus responsabilidades ante los ciudadanos.
Obviamente, no todo es sombrío. Si bien el Gobierno, pese al pesado balance de las secuelas de la pandemia, la guerra de Ucrania y de Irán, así como los sucesivos años de sequía, ha logrado indicios positivos en lo macroeconómico llegando a una tasa de crecimiento de 4,9 % en 2025, al tiempo que ha concretado proyectos estructurales para la implementación del proyecto del Estado social como, por ejemplo, el programa del Apoyo Social Directo que va dirigido a unas 3,9 millones de familias, lo que equivale a más de 12,5 millones de beneficiarios, puede parecer bueno pero el dato en sí es preocupante.
Sin embargo, esto choca con una realidad que pesa más: el conflicto de intereses, la tumba de la Ley de Enriquecimiento Ilícito, el caso «Fraqchiya» (se refiere originalmente a bandas especializadas en el robo de ganado y hoy en el debate público y político se alude a quienes se aprovechan de las crisis para inflar los precios de los alimentos y la carne), etc., marcan el sello de identidad de una mayoría aplastante formada en 2021 por el partido gobernante Reagrupación Nacional de Independientes (RNI), con 102 diputados, ocupando el primer puesto en número de escaños, seguido del Partido de Autenticidad y Modernidad (PAM), con 87 escaños, y el Partido de Istiqlal (PI), con 81 escaños.
En el plano internacional, Marruecos entra en estas elecciones consolidando su soberanía sobre el Sáhara, sumando nuevos respaldos de países africanos, asiáticos, latinoamericanos y europeos. La próxima reunión del Consejo de Seguridad de la ONU en octubre constituirá una etapa clave —quizás definitiva— para el cierre del expediente. Además, la política del rey Mohamed VI de diversificar los socios y entrar en alianzas estratégicas con Estados Unidos y demás potencias mundiales ha dado al país más visibilidad y fuerza regional e internacional.
Por esta razón, las expectativas en estas legislativas son tan grandes, aunque hay un dato que relativamente preocupa a la opinión pública, consistente en que los tres partidos son los mismos que están peleando para presidir el próximo Ejecutivo, dada su influencia y mayor grado de movilización tanto en terreno como en redes sociales.
La «Paloma» (símbolo del RNI) se está quedando sola; el «Tractor» (del PAM), pisando el acelerador; y el «Balance» (del PI), haciendo equilibrio.
En términos democráticos, la lógica dice que el partido que llega primero forma la mayoría y el segundo pasa directamente a la oposición. Esta lógica no se respetó en 2021. Aziz Akhannouch, presidente del Gobierno y figura clave en las cuatro últimas legislaturas, optó por un bloque gubernamental integrado por su partido RNI, creado en 1978, de corriente ideológica liberal, PAM, creado en 2007 y con ideología social-liberal, y PI, fundado en 1937 y clasificado en la derecha.
Esta tríada terminó dejando una oposición débil y fragmentada que no había podido siquiera sumar votos para formar una moción de censura respecto, por ejemplo, al caso «Fraqchiya», que sacudió a la opinión pública.
Lo paradójico es que los tres partidos, en vez de salir a defender su programa gubernamental y luego arrancar la campaña electoral, han optado por ajustar cuentas partidistas incluso antes del lanzamiento oficial de la campaña, dando golpes bajos el uno al otro. La disputa política se intensifica más entre PAM y RNI —ambos pertenecientes a la categoría de «partidos de la administración»—, que, según varios indicios, uno de ellos lideraría el próximo Gobierno.
Hasta el momento, PAM lleva la ventaja tras el fichaje bomba de Fouzi Lekjaa, presidente de la Federación Real de Fútbol, el pasado 25 de julio, es decir, a menos de dos meses de las elecciones. Desde entonces, la figura de Lekjaa irrumpe con fuerza y acapara titulares y campaña electoral, tanto la tradicional como la virtual. Su adhesión supuso un seísmo político: parlamentarios, notables y dirigentes —principalmente del RNI— «se divorciaron» a última hora de sus partidos para «casarse» con el PAM. Indudablemente, este éxodo aportaría un millar de votos al «Tractor».
Así, el aterrizaje de Lekjaa ha subido las acciones del «Tractor» en la bolsa de las elecciones y del mismo modo solucionaría el problema de liderazgo en el seno del partido, que ahora anda con una dirección colegiada formada por Fatima Ezzahra El Mansouri, ministra de Vivienda, Mehdi Bensaid, ministro de Juventud, Cultura y Comunicación, y Fatima Saadi, miembro del partido. En este aspecto, PAM puede sacar tajada de la reciente renuncia de Akhannouch a la secretaría general del RNI, que ahora lidera Mohamed Chaouki.