En un «templo del saber» en Zipaquirá, el presidente Gustavo Petro abraza cálidamente a una niña mientras ella parece llorar de alegrìa, en presencia de otros funcionarios y un militar.
Rafael Camargo Vásquez
Zipaquirà
El reloj marcaba una tarde del mes julio de 2026 cuando los pasos del presidente Gustavo Petro volvieron a resonar en los pasillos del Colegio San Juan Bautista de La Salle. No era una visita protocolaria más; era el cumplimiento de una promesa empeñada desde aquellos días de juventud en los que el hoy mandatario recorría las mismas calles de una Zipaquirá que lo vio crecer. Volver al claustro donde cursó su bachillerato significaba, en esencia, cerrar un círculo personal y político, pero sobre todo, trazar la ruta de una ambiciosa transformación educativa.
El ambiente en el plantel combinaba la solemnidad institucional con la carga nostálgica del reencuentro. El motivo central del evento, titulado «Petro le cumplió a Zipaquirá», tuvo un fuerte componente simbólico: la entrega de libretas militares al primer grupo de estudiantes que participó en el programa Servicio Social para la Paz, la iniciativa gubernamental diseñada para reemplazar el histórico servicio militar obligatorio. Los rostros de los jóvenes reflejaban el inicio de una nueva época, una donde las aulas y el tejido comunitario sustituyen a los cuarteles.
Sin embargo, el corazón del recorrido estuvo en la inspección de las nuevas aulas modulares del colegio. Estas estructuras no son solo ladrillos y tableros; representan el puente hacia el modelo de «Colegio-Universidad», una apuesta con la que el Gobierno busca que la educación media se articule directamente con la superior, enfocándose en la vanguardia tecnológica: la inteligencia artificial y las tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC).
La sombra de los grandes y el desafío de la calidad
Frente a la comunidad educativa, el mandatario no ocultó la exigencia que pesa sobre la historia del municipio. Evocó la memoria del claustro no solo como su antiguo hogar académico, sino como la cuna del escritor más universal que ha parido la tierra colombiana.
«Yo quiero que ustedes hagan un esfuerzo, que no se les olvide que aquí tiene que haber un templo del saber, por una sola razón: de aquí han salido varios presidentes, yo no soy el único, pero sobre todo el hombre más universal de Colombia, Gabriel García Márquez», sentenció Petro con firmeza.
Para el jefe de Estado, la transformación de Zipaquirá en un «templo del saber» va mucho más allá de la notable belleza arquitectónica de La Salle. El verdadero reto radica en la sustancia: en el ser humano. El mandatario insistió en que la calidad educativa depende fundamentalmente del profesorado, razón por la cual defendió la necesidad de garantizar maestrías y doctorados gratuitos para los docentes, asegurando que un maestro mejor preparado es la única vía para elevar el horizonte de la juventud.
La meta trazada ante el auditorio fue rotunda: alcanzar el 100% de cobertura en educación superior para los jóvenes zipaquireños y convertir al municipio en un imán que atraiga el talento de otras regiones del país. «En la inteligencia artificial está el futuro de la humanidad», recordó, pero matizó de inmediato con una dosis de crudo realismo tecnológico: ¿Cómo hablar de ciencias cuánticas e inteligencia artificial si los centros educativos no cuentan con una red robusta de conectividad? La urgencia de la fibra óptica se tomó el discurso como una condición innegable para conectar el saber local con el mundo.
El adiós al bachillerato y el regreso al Bolívar 83
La jornada estuvo impregnada de una profunda atmósfera de despedida. Con el tramo final de su mandato en el horizonte, Petro aprovechó el escenario para recordar sus orígenes en la militancia social y el trabajo comunitario. Con nostalgia, rememoró los días en que, con apenas 25 años, ayudó a fundar el barrio Bolívar 83, una gesta popular que definió como un esfuerzo puro de una comunidad pobre que construyó su propio entorno y su alcantarillado en quince días, sin subsidios ni auxilios estatales.
«Al final del gobierno me gustaría despedirme de allí como Presidente de la República, y del colegio donde estudié todo el bachillerato», confesó conmovido.
Al despedirse de las aulas de La Salle, entre aplausos y la mirada fija de las nuevas generaciones que ahora ocupan sus viejos pupitres, el mandatario selló su visita con una frase que quedó flotando en el aire frío de la tarde sabanera: «Espero volverme a encontrar con ustedes, ya veremos, espero volver al colegio». Zipaquirá, con su historia de sal, presidentes y literatura, quedó notificada de su próximo gran desafío: transformarse, de una vez por todas, en el gran faro del conocimiento del siglo XXI.
«Espero volverme a encontrar con ustedes, ya veremos, espero volver al colegio». Zipaquirá, con su historia de sal, presidentes y literatura, quedó notificada de su próximo gran desafío: transformarse, de una vez por todas, en el gran faro del conocimiento del siglo XXI.
La jornada estuvo impregnada de una profunda atmósfera de despedida. Con el tramo final de su mandato en el horizonte, Petro aprovechó el escenario para recordar sus orígenes en la militancia social y el trabajo comunitario.
Frente a la comunidad educativa, el mandatario no ocultó la exigencia que pesa sobre la historia del municipio. Evocó la memoria del claustro no solo como su antiguo hogar académico, sino como la cuna del escritor más universal que ha parido la tierra colombiana.