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Tenebroso salto tecnológico de «Iván Mordisco»: GUERRA DE DRONES Y TELEMETRÍA

Las disidencias de las FARC  han transformado drones comerciales en artillería aérea capaz de lanzar explosivos con precisión quirúrgica contra la Fuerza Pública. Este avance tecnológico permite vigilar tropas en tiempo real y ejecutar ataques sorpresa sin exponer a los combatientes en el terreno.

 

 

Javier Sánchez 

Primicia Diario

Un reciente y alarmante informe de la Fiscalía General de la Nación ha puesto al descubierto la sofisticación de las tácticas de guerra empleadas por el Estado Mayor Central, bajo el mando de «Iván Mordisco». Las revelaciones, producto de capturas clave y análisis técnico, detallan cómo el uso de explosivos ha dejado de ser rudimentario para convertirse en una avanzada herramienta de asedio militar y control territorial.

Drones bombarderos

La táctica más disruptiva identificada por las autoridades es la transformación de drones comerciales en unidades de artillería aérea. Mediante la adaptación de dispositivos de liberación remota, estas estructuras criminales logran lanzar granadas de fragmentación y morteros artesanales con una precisión quirúrgica. Este avance no solo facilita la vigilancia en tiempo real de las patrullas del Ejército, sino que permite ejecutar ataques sorpresa sin que los combatientes deban exponerse en el terreno.

Minas de activación selectiva

El informe describe un salto tecnológico en los campos minados. Atrás quedaron las tradicionales minas «quiebrapatas» que dependían de la presión física; ahora, las disidencias emplean sistemas de radiofrecuencia y mandos a distancia. Esta telemetría permite a los explosivistas detonar cargas de forma selectiva al paso de vehículos blindados o unidades específicas. Además, el uso de camuflaje de alta densidad e integración de explosivos en objetos cotidianos ha neutralizado, en gran medida, la efectividad de los equipos técnicos y caninos de detección.

Emboscadas coordinadas y «trampas de cebo»

La Fiscalía ha identificado una siniestra coordinación entre explosivistas y tiradores de alta precisión. La maniobra comienza con la instalación de un artefacto visible o de baja potencia —el señuelo— diseñado para forzar la detención de las tropas. Una vez que los protocolos de seguridad se activan y los equipos de antiexplosivos inspeccionan la zona, francotiradores apostados en puntos estratégicos abren fuego o se detona una segunda carga oculta de mayor poder, dirigida específicamente a los socorristas y unidades de apoyo.

Profesionalización en los «talleres de la muerte»

La peligrosidad de estas acciones reside en la reclutación de expertos en electrónica e ingeniería para optimizar la producción artesanal. Según el ente acusador, se ha establecido una línea de fabricación estandarizada de «tatucos» y cilindros bomba con un alcance destructivo superior, utilizando insumos químicos industriales desviados para la creación de ANFO.

En regiones como el Cauca y el Valle, el uso de drones es ya una constante contra estaciones de policía, mientras que en Nariño y el Guaviare, las trampas de cebo restringen la movilidad de las unidades de erradicación. La conclusión de los investigadores es contundente: estas tácticas no solo buscan desafiar la superioridad aérea del Estado, sino instaurar un régimen de terror psicológico que anula la libertad de las poblaciones civiles en sus propios territorios.