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Hacia una Sexualidad de Sensaciones y Bienestar: EL MITO DEL FALO

Los problemas psicológicos empiezan con la flacidez del pene

Luz Andrea Jaramillo Losada

Psícologa 

A lo largo de mi trayectoria profesional, he observado cómo la virilidad y el poder masculino se han concentrado erróneamente en un solo punto: el pene. Este marcado «falocentrismo» es, a mi juicio, el principal responsable de la pérdida del erotismo en las parejas. Con frecuencia, los hombres acuden a consulta con la expectativa de alcanzar una «erección perfecta» o una duración inagotable, pero cuando el cuerpo no responde como esperan —con erecciones flácidas o inoportunas—, el miedo al fracaso se convierte en su compañero más fiel de alcoba.

Debo ser enfática: estas dificultades no son un síntoma de rareza ni necesariamente de enfermedad. Las estadísticas son claras: 3 de cada 10 hombres enfrentan problemas de erección en algún momento de su vida. Considero fundamental entender que factores como la disminución del 20% en los niveles de testosterona a nivel global en las últimas décadas, sumados al estrés y el estilo de vida, están reconfigurando la respuesta sexual masculina. No es solo una preocupación del varón; la mujer suele interpretar este silencio físico como una falta de atracción o una señal de infidelidad, cuando en realidad estamos ante un problema de autoestima y presión social.

En mi práctica, promuevo la terapia cognitiva-conductual como una de las herramientas más efectivas. Mi objetivo es enseñar a las parejas a centrarse en las sensaciones y no en la dificultad. Invito a los caballeros a descubrir que el sexo no debe limitarse al uso de un falo; es el momento de redescubrir el placer de dar, de las caricias y del juego previo. Si nos despojamos del pensamiento obsesivo de «¿responderá o no se parará?», permitimos que el deseo y la conexión fluyan, facilitando que la erección retorne de manera orgánica.

A menudo advierto sobre los peligros de la automedicación y la dependencia de píldoras que ofrecen soluciones efímeras. Antes de recurrir a químicos, insto a mis pacientes a evaluar su estilo de vida: ¿Hay exceso de alcohol o tabaco? ¿Cómo es su alimentación? ¿Qué medicamentos están consumiendo para la tensión o la ansiedad? A menudo, el cuerpo está lidiando con toxinas ambientales que ralentizan el sistema y apagan la libido.

Mi propuesta es un retorno a lo natural y a la disciplina física. Recomiendo técnicas de relajación, meditación y ejercicios específicos de resistencia que ayudan a mejorar la irrigación de los cuerpos cavernosos. La clave del éxito, que suelo observar en un periodo de tres semanas de trabajo constante, no reside en una solución mágica, sino en la voluntad de la pareja para aprender junta y entender que la sexualidad es un lenguaje mucho más amplio que la simple penetración.Con la asistencia medica se puede llegar a solucionar el problema.